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jueves, 7 de febrero de 2013

CRÓNICAS VIKINGAS DE MIGUEL: JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, ENTRE EL MIEDO Y LASBELLAS PALABRAS

Resulta muy interesante cuestionar nuestro punto de vista acerca del miedo (sea a lo que sea) y dejar de obsesionarnos por superarlo, y así poder pasar a un nuevo enfoque en el que sea el deseo de mejora, de superación, de vivir plenamente, lo que nos impulse e ilusione a trabajar para salir de ese entorno en el que muchos se sienten prisioneros del miedo.

No hay que tener miedo a nada. Este mensaje de Rafael sirve más de lo que podemos creer, es como ese “tú puedes”, que cuando te lo dice alguien que está convencido de ello, te cala y te lo crees, y entonces, haces o superas lo que tal vez unos instantes antes te parecía algo imposible.

¿Y si el miedo es insuperable?, ¿y si no puedo?, ¿y si me faltan las fuerzas...?, ¿y si...?, ¿y si...?. Nada, humo, humo molesto, es cierto, pero no imposible de superar. Y de no superarlo, pues eso, seguimos siendo personas bellas y muy valiosas, nunca lo olvidemos.

Pero tal vez debamos comenzar por una de las líneas de trabajo reflejada en numerosas ocasiones en este blog por Rafael y por Mónica, y hacerlo por el primer peldaño: dejar las necesidades para convertirlas en deseos, pero deseos de verdad, sinceros, que salgan de tu interior.

Porque después de todo aunque no lograses superar ese miedo que tan mal te trata, podrías seguir haciendo cosas estupendas por ti y por lo demás, puede que con esa molestia tan pesada del temor irracional, pero puedes; y si trabajamos nuestro diálogo interior, si nos dejamos de ataduras y necesidades y comenzamos a mirar nuestra vida desde un ángulo más sosegado (la mente en calma es muy buena receta...), iremos iniciando un buen camino.

Y si después de trabajarlo y trabajarlo resulta que el miedo no se marcha, pues no te preocupes en exceso, no eres el único que estando así, puede realizar cosas maravillosas.

¿Un ejemplo?, creo que puede valer perfectamente el de un Premio Nóbel de Literatura que vivió permanentemente afectado por el miedo. Hablo de Juan Ramón Jiménez. Vivió en una época en que el tratamiento de esta “dolencia” era muy diferente a los actuales, y a pesar de ese temor constante que nunca lo abandonó, logró realizar cosas bellas por él y por los demás, por todos nosotros. Y estoy seguro que a pesar de las limitaciones, disfrutó de su vida.

Juan Ramón Jiménez nació en Moguer (Huelva) el 23 de diciembre de 1881 en una familia con “posibilidades económicas” que le permitió disfrutar de una infancia tranquila, relajada y feliz, en su pueblo y rodeado por la naturaleza.

En estos primeros años se produce algo que posiblemente marcara al poeta: su internamiento en un colegio hasta terminar el bachillerato; lejos de su familia, con una disciplina muy marcada, la falta de esa libertad y de la vida con su familia, y crecer alejado de sus seres queridos, abrió las puertas a ese incordio del miedo.

Este ambiente y las lecturas religiosas hacen huella en él, especialmente la "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis, que le produce una honda impresión, que recordará siempre.

Y no queda ahí la cosa; más tarde viajaría a Madrid, donde conoció a Salvador Rueda, Rubén Darío, Benavente, Valle-Inclán, Azorín, Pío Baroja y otros grandes autores con quienes compartió numerosas tertulias literarias; pero es tal el cúmulo de sensaciones de este periodo, que seguramente ese miedo más o menos oculto va tomando forma y le obliga a viajar al balneario de Alhama de Aragón para tratarse de la “sobreexcitación producida por las emociones…”.

Al poco sucede un hecho que podríamos calificar como pieza clave en este miedo que le acompañaría para siempre: la muerte de su padre le provoca tal preocupación que llega a conmocionarlo hasta creerse que “la muerte la lleva a su lado”. Es una época de temores y preocupación constante en la que tan sólo se siente tranquilo en la presencia de algún médico, lo que le lleva a mudarse de casa para vivir justo al lado de un doctor amigo de su familia.

Y sigue el miedo… Al poco ingresa en el sanatorio para enfermos mentales de Burdeos para tratarse de “neurastenia y desequilibrio mental”, instalándose en la propia casa del médico del sanatorio y estando aislado del resto de pacientes.

A su regreso a España no ha dejado de lado sus miedos, por lo que directamente ingresa en el Sanatorio del Rosario, bajo la atención del doctor Luis Simarro.

Es tal la dependencia de “seguridad” que tiene el autor, que celebra las tertulias literarias con sus compañeros (Machado, Valle-Inclán, Rueda, Benavente…) en el mismo sanatorio, lugar donde creó de su aislamiento una verdadera fuente de inspiración y creación literaria para su valiosa obra; allí, precisamente, presentó su obra Rimas en 1902, y allí se decidió la creación de una publicación que pasó por ser la mejor revista de prensa de la época: Helios, en ella publicaron las mejores firmas del momento como Rubén Darío, Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, Benavente, los hermanos Machado, Azorín, Emilia Pardo Bazán, etc.

Tras salir del sanatorio se instala de nuevo en casa del doctor Sinarro (el miedo, siempre el miedo…), y desde allí comparte inquietudes con artistas de la talla de Emilio Sala y Joaquín Sorolla, además de con el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza, con Giner de los Ríos al frente.

En 1905 regresa a su pueblo natal en busca de su total restablecimiento, algo que no lograría, siendo una etapa en la que el autor vive de forma muy austera pues la fortuna familiar se ha perdido y la pobreza llama a su puerta. Es una época triste y lamentable, llena de desazones, inquietudes y preocupaciones, en la que se agrava nuevamente su enfermedad y se siente hastiado de todo e inclinado al suicido. El miedo, ese miedo constante que lo atenaza, un miedo irracional muy intenso.

Aún rodeado de temores y presagios angustiosos, Juan Ramón publica desde su soledad diez libros de poesía entre 1908 y 1913 y es nombrado Miembro de Número de la Academia de Poesía Española de Madrid. Grandes cosas por los demás, y seguro que por él mismo.

No nos extenderemos más en detallar su vida rodeada de temores irracionales, su miedo continuó y lo mantuvo prisionero de por vida, con constantes recaídas y búsqueda de nuevos tratamientos en Europa y Estados Unidos.

Pero aún así su vida fue fructífera tanto en la literatura como en vivencias. Llegó a ser un enamorado de los viajes por medio mundo, ejerció la docencia y fue ponente en numerosas y prestigiosas universidades, y nos dejó un legado literario de increíble valía, más si tenemos en cuenta que toda su obra nació en convivencia con el miedo. Hasta obtener el Premio Nóbel de Literatura.

Posiblemente sin ese miedo todo habría sido de otra forma en su vida, en esto podemos estar todos de acuerdo. Y por la misma teoría, si alejamos el miedo de nuestro día a día, ¿viviríamos mejor?. Si la respuesta es sí, ¡manos a la obra vikingos!.

Miguel

“Mi libertad consiste en tomar de la vida lo que me parece mejor para mí y para todos; y en darlo con mi vida”. Juan Ramón Jiménez

martes, 13 de noviembre de 2012

REFLEXIONES DE MÓNICA: CRÓNICA DE LA TERTULIA DEL DÍA 6 DE NOVIEMBRE EN BARCELONA.

Hola a todos, el pasado martes día 6 de noviembre tuvo lugar otra de nuestras tertulias en Barcelona, fue estupenda. Tratamos el capítulo número 11 del libro de Rafael, y nos liamos tanto que no nos dio tiempo a acabarlo!!!


La participación fue estupenda y además hicimos un ejercicio de creencias irracionales muy divertido que nos propuso nuestro querido amigo Manuel y con el que nos echamos unas buenas risas.


La próxima tertulia será el día 11 de diciembre a las 19:15 en el Centro Cívico Les Corts y acabaremos el capítulo 11 del libro y empezaremos el capítulo número 12.


Por cierto también os informo que el próximo domingo día 2 de diciembre vamos a realizar una excursión por Collserola, nuestra querida amiga María José que es una experta en esta montaña nos va a hacer de guía. Seguro que en esta excursión el tiempo si que nos acompaña!!, quien esté interesado en venir que nos mande un correo a tertulias.edf@gmail.com y ya le informaremos.


Os dejo con los apuntes que repartimos en la tertulia, que no son más que un resumen del capítulo 11 de "El arte de no amargarse la vida".


Un beso a todos,


Mónica


TERTULIA DEL 6 DE NOVIEMBRE DE 2012: RESUMEN DEL CAPÍTULO NÚMERO 11 "PERDER EL MIEDO A LA SOLEDAD" DE "EL ARTE DE NO AMARGARSE LA VIDA" DE RAFAEL SANTANDREU. 


- A veces nos aferramos a ideas falsas que nos traen la desdicha. La soledad de la que tanto hablamos sólo está en nuestra mente.


- Estamos rodeados de gente, es imposible estar solos!!


- Cuando tenemos una pérdida de un familiar lo normal son 6 meses, 1 año de tristeza que luego dejan paso a tener ganas de vivir sino nos decimos lo contrario como: "Es horrible no tener a mi esposa conmigo, no puedo hacer nada valioso ni por mí ni por los demás", este pensamiento estaría bien que lo transformáramos en: "Siempre echaré de menos a esa persona que no está ahora conmigo pero no quiero desaprovechar el tiempo que me queda".


-  La soledad para una persona sana que no se bombardea a sí misma con mensajes debilitantes: Es una sensación reconfortante de tranquilidad, descanso o concentración en los intereses propios. Puede ser un poquito incómoda, pero muy poco, y si nos concentramos en todo lo que podemos hacer ese pensamiento dura muy poquito.


- La soledad puede ser un tiempo fantástico de recapitulación. Tenemos muchos ejemplos de personas que viven solas y son felices, entonces: ¿Por qué no lo vamos a conseguir nosotros?.


- No es necesario hacer millones de cosas. En el ámbito budista el buen monje es el que hace pocas cosas y las cosas que hace las hace muy bien. La persona madura y feliz dirige su vida como el pintor que trabaja con su lienzo: Disfruta creando una obra de arte.


- La soledad por tanto no es una situación demasiado mala que pueda ponernos tristes, ni siquiera puede preocuparnos un poco.


- Otra creencia irracional que tenemos es que necesitamos hacer algo para estar bien. Tenemos miedo a aburrirnos, cuando el aburrimiento nunca ha matado a nadie y la simple existencia ya es placentera y confortable. Además el aburrimiento los grandes creadores lo han utilizado para hacer sus obras maestras: Cervantes con El Quijote...


- Creer que necesitas entretenerte para estar bien es el origen de la neurosis. Si creemos eso es que ya hemos empezado a hacer cosas por temor (temor a aburrirnos), entonces nuestra actividad estará teñida por la compulsión, hacerlo todo mecánicamente, con estrés sin cariño.


- La gente que tiene miedo al aburrimiento lo suele pasar mal por ejemplo en vacaciones porque es más difícil de llenar el día con actividades.


- El miedo al aburrimiento es como el miedo a la soledad, no hay nada que temer!!!, podemos soportar tanto el aburrimiento como la soledad!!!


- Otro miedo que nos suele invadir es el miedo a decidir. Nos asalta la obsesión de la duda. Desarrollamos el complejo de Damocles. En el fondo tenemos miedo a fallar. No nos permitimos fallar.


 - Las personas con dificultades para decidir crean siempre, en su mente, dos alternativas peligrosas,  y se ven atrapadas entres ellas como Damocles con su espada. La solución para los indecisos es darse cuenta de que ninguno de los dos fallos son "terribles", pueden ser un poco malos, pero nada más, aunque fallemos sobreviviremos y podremos ser felices.


- También es muy irracional pensar que debería haber escogido la otra opción, porque no tenemos ninguna prueba de que la otra opción hubiera sido mejor que la que hemos escogido. Por tanto es muy irracional este pensamiento.


- La indecisión tiene su origen en pensar en que si me equivoco esos errores son fantasiosamente graves como perder una mano o un pie!!!, sin embargo en la mayoría del los casos una mala decisión no implica riesgos para la supervivencia!!! (ejemplo entre decidir entre marido o mujer o amante)


CONCLUSIONES:


-  La soledad y el aburrimiento nunca pueden ser sensaciones muy desagradables a no ser que nos convenzamos nosotros mismos de lo contrario.


- La dificultad neurótica a la hora de tomar decisiones es fruto de terribilizar sobre las consecuencias negativas de los errores.


- Esos errores y sus consecuencias no son horrorosos así que nos podemos relajar.

martes, 9 de agosto de 2011

CARTA DE IRIS: La ansiedad es una cosa del pasado

Hace unas semanas, alguien me llamó por teléfono a primera hora del día y me dio una hermosa sorpresa.


- Hola, soy Iris. No te acordarás de mí, pero fui tu paciente hace  años.
- Iris... Iris... No me acuerdo. Lo siento. Sabes que soy el tipo más despistado del mundo -le respondí mientras intentaba hacer memoria a toda prisa.
- Pues nada, te llamaba para decirte que estoy súper bien. Soy feliz -me dijo.
- ¡Fantástico! ¿Cuánto hace que viniste a verme? -pregunté todavía intentado acordarme.
- Hace cinco o seis años. Tenía un problema de ansiedad gordo y bueno, te quería decir que estoy genial desde entonces. Soy madre soltera y encantada de la vida -decía con voz alegre.
- Me encanta que estés encantada -dije.
- Sólo darte las gracias. Oye, y que sepas que muchas veces me acuerdo de ti. No sé explicarlo, pero aunque fue una terapia breve, en esas once sesiones se estableció un vínculo muy estrecho... y es como si te llevase al lado muchas veces en mi vida.


Como a los viejos profesores, no hay nada que nos guste más a los psicólogos que nuestros antiguos pacientes nos cuenten lo bien que les va en la vida. Así que me quedé encantado con las palabras de Iris. Y, como soy un tanto audaz, le pedí que escribiese unas palabras en nuestro blog para que aprendamos que la ansiedad, por fuerte que sea, se puede superar completamente en poco tiempo. Ahí van sus palabras que recibí ayer:


Creo que tener ansiedad es lo peor y lo mejor que me ha pasado jamás.
Mi primera crisis la tuve con apenas 20 años. La recuerdo como 12 horas de miedo e incomprensión, porque tardé bastantes meses en ponerle nombre a aquello que me ocurría. Con el tiempo la sensación se tornó más profunda y compacta y ya pude definirla.


El prólogo era un latigazo en el estómago y, con el paso de los años, esto ya era suficiente para salir corriendo de dónde estuviera, literalmente.


Como decía, el aviso era un latigazo en el estómago y después aparecía algo similar a un hormigueo rápido por todo el cuerpo.


No era capaz de comer ni beber nada y, en ese momento, lo físico se mezclaba con lo mental y aparecía un nerviosismo intenso por el hecho de tener una de esas crisis.


Necesitaba ir al baño a cada minuto, y eso hacía que me pusiera más nerviosa ya que las personas con quien estaba en ese momento seguro que se daban cuenta de mi extraña conducta.


Llegados a este punto me iba de donde estuviera. Una vez en casa, parecía que se calmaba pero no era así, el abdomen se me endurecía y en ese momento sentía la “bola”. Era lo más parecido a tener una esfera de energía alojada entre el pecho y la barriga que luchaba por salir.


Por supuesto no conseguía hacerlo. Náuseas, vómitos, diarrea, frío, calor, terror… mucho terror.


Y lo que menos te ayuda en ese momento es que alguien te diga que te tranquilices, aunque lo haga con la mejor intención del mundo.


Yo me pasé cinco años así, empeorando poco a poco.


Los pequeños malestares del principio se volvieron infiernos: dejé de tener sexo, luego dejé de comer con gente, luego dejé de salir de noche y, al final, abandoné mi vida social casi por completo.


A pesar de todo esto, aún tuve fuerzas para atreverme a hacer cosas: tener una pareja, estudiar, hacer deporte... pero mi vida era una demencial montaña rusa: a veces te encontrabas bien, como en la parte alta de la montaña... otras, en la parte inferior, con amenazas constantes a tu alrededor.  


Mi punto de inflexión fue una fiesta sorpresa por mi 25º cumpleaños. Recién terminada la cena los invitados pasaron a una salita con sillones a tomarse el café. Fue en ese momento, mientras todos reían y hablaban, ajenos a todo, que me quedé observándolos desde el quicio de la puerta. Recuerdo el fuego de la chimenea invadiendo con su luz toda la estancia, la calidez que desprendía, y en ese instante lo tuve claro, me había alejado de todo aquello: de las risas, del cariño, de la gente que me importaba y a la que importaba.


Así que al día siguiente rebusqué un pedazo de papel que guardaba desde hacía dos años y en el que había un nombre y un teléfono.


Con cierto recelo y un sinfín de dudas empecé la terapia.


No mentiré diciendo que fue fácil, aunque ahora me lo parece, pero si diré que fue la decisión acertada, la única posible.


No se trataba de buscar culpables, ni siquiera de ahondar en los porqués , simplemente mirar hacia delante, superar las adversidades y entender que, a veces, las peores cosas ocurren para que crezcas.


Ahora, casi seis años después de terminar la terapia, percibo la vida de otro modo y es que aprendí a gestionar mucho más que la ansiedad, aprendí a no obsesionarme con el control, a dejar que las cosas fluyan, a poner remedio cuando sea preciso, ni antes ni después, y digo que aprendí aunque quizá lo más exacto sería decir que lo absorbí, pasó a formar parte de mi.


Quizá por eso ahora soy madre soltera, vivo con mis padres, me he quedado sin trabajo, y sonrío cada día, por que cómo decía alguien: "estoy jodida pero contenta".


Una última reflexión: mi profesora de canto solía decir que la voz debe fluir sola, no hay que conducirla, no hay que presionarla ni bloquearla, simplemente ofrecerle un camino por el que salir y empujarla un poquito desde la base.


La gestión de las emociones se me antoja igual, no hay que darle muchas vueltas, simplemente dejar que circulen.


Un abrazo a todos/as:
Iris

jueves, 5 de mayo de 2011

REFLEXIONES DE MÓNICA: “ENREDADOS EN NUESTRAS DUDAS”

En la vida se nos plantean muchas situaciones en las que tenemos que decidir cosas. Por ejemplo tengo que decidir si estudio una carrera u otra, si acepto ese trabajo que me han ofrecido o no, si me voy a vivir con mi amigo o no, si me compro un piso, si tengo o no tengo hijos... son muchísimas las decisiones que tenemos que tomar durante nuestra vida.

Hay veces que tomar decisiones no nos cuesta pero otras sí, y entonces es cuando le damos mil vueltas al asunto, nos aparecen mil dudas y nos decimos a nosotros mismos argumentos a favor y en contra sobre lo que conllevaría tomar una decisión u otra: “y si acepto ese trabajo pero luego no me gusta... y si me voy a vivir con ese chico y luego no le soporto... y si me compro un piso y luego no lo puedo pagar...“ entonces nos enganchamos a nuestros pensamientos, nos bloqueamos y somos incapaces de decidir nada.

En el fondo cuando nos bloqueamos y nos cuesta tomar una decisión es porque nos estamos diciendo a nosotros mismos lo siguiente: “si tomara la decisión incorrecta y me equivocara sería terrible”, cuando tenemos pensamientos de este estilo nos asaltan todas las dudas y nos aparece como se describe en “Escuela de Felicidad” la obsesión por la duda, tenemos miedo a equivocarnos y a no escoger la decisión correcta.

Este tipo de situaciones son más frecuentes en personas perfeccionistas. El perfeccionista ha de resolver todas sus dudas antes de tomar una decisión y si esto no ocurre son capaces incluso de renunciar a sus objetivos. Pero buscar la perfección es una batalla muy dura y perdida puesto que nosotros somos imperfectos, los demás son imperfectos y la vida es imperfecta. Pero la buena noticia es que la imperfección es bella porque es lo natural.

Es interesante reflexionar que primero para tomar una decisión necesitamos calmarnos, y para calmarnos nos tenemos que creer que tomemos la decisión que tomemos no será terrible. Nos tenemos que imaginar la peor situación que nos podría pasar y darnos cuenta que aún si pasara lo peor no sería tan terrible como pensamos, porque seguro que podríamos hacer cosas valiosas por nosotros y por los demás.

Nos tenemos que dar argumentos para creernos de verdad esta reflexión: “que no me guste la carrera que he escogido no es el fin del mundo puedo cambiar de estudios. Que no me vaya bien con mi pareja no es terrible, sin pareja también puedo hacer cosas maravillosas con mi vida. Que me quede en el paro y no pueda pagar la hipoteca no es lo mismo que si me quedara tetrapléjico y no pudiera mover más que los ojos...”

Si nos creemos de verdad estas reflexiones desactivaremos el miedo, nos relajaremos y entonces nos veremos con fuerza para tomar una decisión sin comernos la cabeza. Tenemos que recordar siempre que "en esta vida no le tenemos que tener miedo a nada" y menos a equivocarnos.

Para los que tenéis niños hay una película muy bonita de Disney que se llama “Enredados” que trata de manera muy entrañable el tema de la obsesión por la duda y del miedo, es la historia de una niña que poco a poco va venciendo sus miedos y gracias a esto va adquiriendo la fuerza para enfrentarse a su “madre” y hacer su sueño realidad, a partir de ese momento descubre una nueva vida llena de luz que antes no podía ver.

No es la típica historia de princesas de Disney, ya lo veréis. Os pongo el link de la banda sonora que a mí me encanta, si, si Rafa, ya sé que es un poco romántica, pero es que me gusta mucho y un poquito, muy poquito de romanticismo no es tan malo, no?


Un beso a todos

Mónica

sábado, 19 de febrero de 2011

EL TRASTORNO POR ATAQUES DE PÁNICO

Hace poco, estaba dando un curso para médicos y enfermeras y me pidieron que les hablase de los ataques de pánico, un problema muy habitual en las consultas de los psicólogos. En casi todas las charlas que doy sobre miedos, me preguntan sobre esto, así que vamos a hablar un poco aquí del problema.


Yo, de hecho, estudié mi especialidad con el italiano Giorgio Nardone, el máximo especialista en este campo. Allí pude estudiar unos cien casos de este trastorno. Después, he tratado montones y montones.


Al trastorno por ataques de pánico también se le llama “miedo al miedo” y creo que esta es la mejor definición porque lo que le sucede a la persona y es que desarrolla una extrema sensibilidad a determinados síntomas asociados al miedo: palpitaciones, sofoco, sensación de ahogo, mareos, vértigo... y, sobre todo, mucha ansiedad asociada a sus concomitantes pensamientos: “me voy a morir”, “me voy a volver loco”, “voy a perder el control y hacer una burrada”...


Yo siempre les digo a mis pacientes que el día que ya no le tengan miedo al miedo, ese día estarán curados. Ése es el proceso que hacemos en la terapia. Le enseñamos a la persona a perderle miedo a los síntomas. Entonces, la persona deja de tenerlos para siempre.


Es muy importante que la gente que tenga este problema vaya al psicólogo porque es un tema bastante fácil de curar para nosotros y, sin embargo, de dejarlo sin tratar, puede crecer hasta convertirse en una pesadilla. Muchas personas empiezan a evitar escenarios donde les podría coger el pánico y cada vez se encierran más en un mundo reducido. Al mismo tiempo, el problema crece y los síntomas se hacen más duros. Es como una espiral negativa.


Si tenéis dudas sobre el tema, preguntadme a través de los comentarios del blog e intentaré resolverlas todas.


Un abrazo.
Rafael

jueves, 18 de noviembre de 2010

REFLEXIONES DE MÓNICA: YO VEO “GRAN HERMANO”

Hoy me gustaría formularos una pregunta ¿vosotros veis “Gran Hermano”?, como para gustos no hay nada escrito, habrá muchos que responderéis que sí y otros muchos que no. Pero ocurre un efecto muy curioso cuando se formula esta pregunta en según que ambientes y es que mucha gente dice que no lo ve, cuando realmente si que lo ven. Y podríamos enumerar muchos programas con los que ocurre este fenómeno, suelen ser la mayoría de Tele 5, ¿verdad?.

Nos da vergüenza admitir, delante de la gente, que vemos según que cosas ¡qué curioso!. ¿No os ha pasado esto nunca?, yo lo he comprobado muchas veces y cuando se lanza esta pregunta al aire en según que círculo de amigos, trabajo... muchos acaban diciendo que no ven este tipo de programas, que ven los documentales de la 2, o el National Geographic, o están todo el día leyendo libros... sin embargo la mayoría cuando empiezas a hablar conocen a los personajes... ¿curioso no?, y se da el hecho de que este tipo de “realities” o programas en los que salen personajes como la mismísima Belén Esteban, son los que tienen más audiencia...

La realidad es que nos da vergüenza admitir ciertas cosas, por el ¿qué dirá la gente?, ¿qué pensarían mis amigos, mis compañeros de trabajo, mi familia si se enteraran de...?, ¿cómo voy a admitir tal cosa con lo mal visto que está, qué iban a pensar de mí...?. La vergüenza es algo que nos puede llegar a limitar muchísimo. Este caso de “Gran Hermano” es anecdótico y no condiciona nuestra vida, pero la realidad es que muchas veces tenemos miedo a hacer el ridículo y podemos vivir condicionados toda nuestra vida por este miedo irracional. Por ejemplo mucha gente que no admite con naturalidad su sexualidad y viven atormentados toda su vida.

Pero pongámonos en el peor de los casos y imaginémonos haciendo el ridículo más espantoso de nuestra vida en algún ámbito: en el trabajo en una reunión súper importante con nuestro jefe, con los amigos metiendo la pata en algún tema, con mi familia si se enteran de según que cosas... ¿qué podría pasar?, la realidad es que no pasaría absolutamente nada, el mundo seguiría exactamente igual y lo más probable es que no fuéramos noticia de portada en ningún periódico o telediario. 

En el fondo tenemos miedo a no ser aceptados por los demás, tenemos la creencia irracional de que “deberíamos ser aceptados por los demás” en lugar de “me gustaría ser aceptado por los demás, pero si eso no ocurre, no pasa nada porque no necesito la aceptación de los demás para ser feliz”. Si conseguimos renunciar a la vergüenza y al miedo al ridículo estaremos mucho más tranquilos en todos los ámbitos, sin presión y seremos mucho más auténticos porque no tendremos miedo a ser juzgados.

Albert Ellis dice que la vergüenza es la esencia de gran parte de las perturbaciones humanas. Si la vergüenza es muy profunda nos estaremos diciendo a nosotros mismos cosas como: “¡No debería, en absoluto, haber hecho lo que hice!, ¡es horrible!, ¡soy una persona asquerosa por hacerlo y me merezco que los demás me desprecien!”, esta creencia irracional hay que cambiarla por “siento haber actuado mal y que la gente me critique por ello, pero no tengo que tomarme ni la mala acción ni las críticas demasiado en serio, intentaré hacerlo mejor la próxima vez”. No olvidemos que tenemos que llegar a la autoaceptación incondicional de nosotros mismos hagamos lo que hagamos, porque somos humanos y por tanto somos falibles.

En Terapia Cognitiva existen los llamados “ejercicios de la vergüenza” para vencer este miedo al ridículo. Se trata por ejemplo de pedir un euro a la gente de la calle y hacerlo muchas veces hasta que al final ya no te de ningún corte, o bien ir en el metro diciendo en voz alta las paradas del metro... ¿es heavy eh?, reconozco que yo todavía no me he atrevido a hacer estos ejercicios...

Ya está bien de pensar en el qué dirán..., vamos a intentar ser auténticos, la vergüenza nos puede privar de descubrir cosas maravillosas de la vida, hay que probar y si nos equivocamos ya rectificaremos, no se va a acabar el mundo, y si alguien se ríe de nosotros o nos ridiculiza, pues oye, si hemos conseguido que esa persona pase un rato divertido pues genial, muchas veces el abrirnos a la gente sin miedo nos va a permitir descubrir grandes personas que de otra manera no conoceríamos.

“Hay que arriesgarse a dar antes de recibir, abrirse a los demás una y otra vez.. al final, invariablemente, transmitiremos a los demás la confianza que depositamos nosotros en ellos y las relaciones podrán transformarse en un intercambio de afecto e interés genuino”

“No se ha inventado mejor sistema para potenciar nuestra capacidad de amar y ser amados que dar antes de recibir. Esto implica tratar con cariño, respeto y entrega a todas las personas sin preguntarse si nos van a devolver lo mismo o no.“

“La Escuela de felicidad”

R. Santandreu 

Por cierto, yo sí que veo “Gran Hermano”, esta edición no la sigo mucho porque no tengo tiempo pero anteriores ediciones las he seguido al 100%. Otra cosa es que esté de acuerdo con los valores que se están transmitiendo a los jóvenes con programas así, pero eso ya es otro tema. ¿Y vosotros qué opináis...?

Un beso a todos,

Mónica