Resulta muy interesante cuestionar nuestro punto de vista acerca del miedo (sea a lo que sea) y dejar de obsesionarnos por superarlo, y así poder pasar a un nuevo enfoque en el que sea el deseo de mejora, de superación, de vivir plenamente, lo que nos impulse e ilusione a trabajar para salir de ese entorno en el que muchos se sienten prisioneros del miedo.jueves, 7 de febrero de 2013
CRÓNICAS VIKINGAS DE MIGUEL: JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, ENTRE EL MIEDO Y LASBELLAS PALABRAS
Resulta muy interesante cuestionar nuestro punto de vista acerca del miedo (sea a lo que sea) y dejar de obsesionarnos por superarlo, y así poder pasar a un nuevo enfoque en el que sea el deseo de mejora, de superación, de vivir plenamente, lo que nos impulse e ilusione a trabajar para salir de ese entorno en el que muchos se sienten prisioneros del miedo.martes, 13 de noviembre de 2012
REFLEXIONES DE MÓNICA: CRÓNICA DE LA TERTULIA DEL DÍA 6 DE NOVIEMBRE EN BARCELONA.
Hola a todos, el pasado martes día 6 de noviembre tuvo lugar otra de nuestras tertulias en Barcelona, fue estupenda. Tratamos el capítulo número 11 del libro de Rafael, y nos liamos tanto que no nos dio tiempo a acabarlo!!!
La participación fue estupenda y además hicimos un ejercicio de creencias irracionales muy divertido que nos propuso nuestro querido amigo Manuel y con el que nos echamos unas buenas risas.
La próxima tertulia será el día 11 de diciembre a las 19:15 en el Centro Cívico Les Corts y acabaremos el capítulo 11 del libro y empezaremos el capítulo número 12.
Por cierto también os informo que el próximo domingo día 2 de diciembre vamos a realizar una excursión por Collserola, nuestra querida amiga María José que es una experta en esta montaña nos va a hacer de guía. Seguro que en esta excursión el tiempo si que nos acompaña!!, quien esté interesado en venir que nos mande un correo a tertulias.edf@gmail.com y ya le informaremos.
Os dejo con los apuntes que repartimos en la tertulia, que no son más que un resumen del capítulo 11 de "El arte de no amargarse la vida".
Un beso a todos,
Mónica
TERTULIA DEL 6 DE NOVIEMBRE DE 2012: RESUMEN DEL CAPÍTULO NÚMERO 11 "PERDER EL MIEDO A LA SOLEDAD" DE "EL ARTE DE NO AMARGARSE LA VIDA" DE RAFAEL SANTANDREU.
- A veces nos aferramos a ideas falsas que nos traen la desdicha. La soledad de la que tanto hablamos sólo está en nuestra mente.
- Estamos rodeados de gente, es imposible estar solos!!
- Cuando tenemos una pérdida de un familiar lo normal son 6 meses, 1 año de tristeza que luego dejan paso a tener ganas de vivir sino nos decimos lo contrario como: "Es horrible no tener a mi esposa conmigo, no puedo hacer nada valioso ni por mí ni por los demás", este pensamiento estaría bien que lo transformáramos en: "Siempre echaré de menos a esa persona que no está ahora conmigo pero no quiero desaprovechar el tiempo que me queda".
- La soledad para una persona sana que no se bombardea a sí misma con mensajes debilitantes: Es una sensación reconfortante de tranquilidad, descanso o concentración en los intereses propios. Puede ser un poquito incómoda, pero muy poco, y si nos concentramos en todo lo que podemos hacer ese pensamiento dura muy poquito.
- La soledad puede ser un tiempo fantástico de recapitulación. Tenemos muchos ejemplos de personas que viven solas y son felices, entonces: ¿Por qué no lo vamos a conseguir nosotros?.
- No es necesario hacer millones de cosas. En el ámbito budista el buen monje es el que hace pocas cosas y las cosas que hace las hace muy bien. La persona madura y feliz dirige su vida como el pintor que trabaja con su lienzo: Disfruta creando una obra de arte.
- La soledad por tanto no es una situación demasiado mala que pueda ponernos tristes, ni siquiera puede preocuparnos un poco.
- Otra creencia irracional que tenemos es que necesitamos hacer algo para estar bien. Tenemos miedo a aburrirnos, cuando el aburrimiento nunca ha matado a nadie y la simple existencia ya es placentera y confortable. Además el aburrimiento los grandes creadores lo han utilizado para hacer sus obras maestras: Cervantes con El Quijote...
- Creer que necesitas entretenerte para estar bien es el origen de la neurosis. Si creemos eso es que ya hemos empezado a hacer cosas por temor (temor a aburrirnos), entonces nuestra actividad estará teñida por la compulsión, hacerlo todo mecánicamente, con estrés sin cariño.
- La gente que tiene miedo al aburrimiento lo suele pasar mal por ejemplo en vacaciones porque es más difícil de llenar el día con actividades.
- El miedo al aburrimiento es como el miedo a la soledad, no hay nada que temer!!!, podemos soportar tanto el aburrimiento como la soledad!!!
- Otro miedo que nos suele invadir es el miedo a decidir. Nos asalta la obsesión de la duda. Desarrollamos el complejo de Damocles. En el fondo tenemos miedo a fallar. No nos permitimos fallar.
- Las personas con dificultades para decidir crean siempre, en su mente, dos alternativas peligrosas, y se ven atrapadas entres ellas como Damocles con su espada. La solución para los indecisos es darse cuenta de que ninguno de los dos fallos son "terribles", pueden ser un poco malos, pero nada más, aunque fallemos sobreviviremos y podremos ser felices.
- También es muy irracional pensar que debería haber escogido la otra opción, porque no tenemos ninguna prueba de que la otra opción hubiera sido mejor que la que hemos escogido. Por tanto es muy irracional este pensamiento.
- La indecisión tiene su origen en pensar en que si me equivoco esos errores son fantasiosamente graves como perder una mano o un pie!!!, sin embargo en la mayoría del los casos una mala decisión no implica riesgos para la supervivencia!!! (ejemplo entre decidir entre marido o mujer o amante)
CONCLUSIONES:
- La soledad y el aburrimiento nunca pueden ser sensaciones muy desagradables a no ser que nos convenzamos nosotros mismos de lo contrario.
- La dificultad neurótica a la hora de tomar decisiones es fruto de terribilizar sobre las consecuencias negativas de los errores.
- Esos errores y sus consecuencias no son horrorosos así que nos podemos relajar.
martes, 9 de agosto de 2011
CARTA DE IRIS: La ansiedad es una cosa del pasado
Hace unas semanas, alguien me llamó por teléfono a primera hora del día y me dio una hermosa sorpresa.
- Hola, soy Iris. No te acordarás de mí, pero fui tu paciente hace años.
- Iris... Iris... No me acuerdo. Lo siento. Sabes que soy el tipo más despistado del mundo -le respondí mientras intentaba hacer memoria a toda prisa.
- Pues nada, te llamaba para decirte que estoy súper bien. Soy feliz -me dijo.
- ¡Fantástico! ¿Cuánto hace que viniste a verme? -pregunté todavía intentado acordarme.
- Hace cinco o seis años. Tenía un problema de ansiedad gordo y bueno, te quería decir que estoy genial desde entonces. Soy madre soltera y encantada de la vida -decía con voz alegre.
- Me encanta que estés encantada -dije.
- Sólo darte las gracias. Oye, y que sepas que muchas veces me acuerdo de ti. No sé explicarlo, pero aunque fue una terapia breve, en esas once sesiones se estableció un vínculo muy estrecho... y es como si te llevase al lado muchas veces en mi vida.
Como a los viejos profesores, no hay nada que nos guste más a los psicólogos que nuestros antiguos pacientes nos cuenten lo bien que les va en la vida. Así que me quedé encantado con las palabras de Iris. Y, como soy un tanto audaz, le pedí que escribiese unas palabras en nuestro blog para que aprendamos que la ansiedad, por fuerte que sea, se puede superar completamente en poco tiempo. Ahí van sus palabras que recibí ayer:
Creo que tener ansiedad es lo peor y lo mejor que me ha pasado jamás.
Mi primera crisis la tuve con apenas 20 años. La recuerdo como 12 horas de miedo e incomprensión, porque tardé bastantes meses en ponerle nombre a aquello que me ocurría. Con el tiempo la sensación se tornó más profunda y compacta y ya pude definirla.
El prólogo era un latigazo en el estómago y, con el paso de los años, esto ya era suficiente para salir corriendo de dónde estuviera, literalmente.
Como decía, el aviso era un latigazo en el estómago y después aparecía algo similar a un hormigueo rápido por todo el cuerpo.
No era capaz de comer ni beber nada y, en ese momento, lo físico se mezclaba con lo mental y aparecía un nerviosismo intenso por el hecho de tener una de esas crisis.
Necesitaba ir al baño a cada minuto, y eso hacía que me pusiera más nerviosa ya que las personas con quien estaba en ese momento seguro que se daban cuenta de mi extraña conducta.
Llegados a este punto me iba de donde estuviera. Una vez en casa, parecía que se calmaba pero no era así, el abdomen se me endurecía y en ese momento sentía la “bola”. Era lo más parecido a tener una esfera de energía alojada entre el pecho y la barriga que luchaba por salir.
Por supuesto no conseguía hacerlo. Náuseas, vómitos, diarrea, frío, calor, terror… mucho terror.
Y lo que menos te ayuda en ese momento es que alguien te diga que te tranquilices, aunque lo haga con la mejor intención del mundo.
Yo me pasé cinco años así, empeorando poco a poco.
Los pequeños malestares del principio se volvieron infiernos: dejé de tener sexo, luego dejé de comer con gente, luego dejé de salir de noche y, al final, abandoné mi vida social casi por completo.
A pesar de todo esto, aún tuve fuerzas para atreverme a hacer cosas: tener una pareja, estudiar, hacer deporte... pero mi vida era una demencial montaña rusa: a veces te encontrabas bien, como en la parte alta de la montaña... otras, en la parte inferior, con amenazas constantes a tu alrededor.
Mi punto de inflexión fue una fiesta sorpresa por mi 25º cumpleaños. Recién terminada la cena los invitados pasaron a una salita con sillones a tomarse el café. Fue en ese momento, mientras todos reían y hablaban, ajenos a todo, que me quedé observándolos desde el quicio de la puerta. Recuerdo el fuego de la chimenea invadiendo con su luz toda la estancia, la calidez que desprendía, y en ese instante lo tuve claro, me había alejado de todo aquello: de las risas, del cariño, de la gente que me importaba y a la que importaba.
Así que al día siguiente rebusqué un pedazo de papel que guardaba desde hacía dos años y en el que había un nombre y un teléfono.
Con cierto recelo y un sinfín de dudas empecé la terapia.
No mentiré diciendo que fue fácil, aunque ahora me lo parece, pero si diré que fue la decisión acertada, la única posible.
No se trataba de buscar culpables, ni siquiera de ahondar en los porqués , simplemente mirar hacia delante, superar las adversidades y entender que, a veces, las peores cosas ocurren para que crezcas.
Ahora, casi seis años después de terminar la terapia, percibo la vida de otro modo y es que aprendí a gestionar mucho más que la ansiedad, aprendí a no obsesionarme con el control, a dejar que las cosas fluyan, a poner remedio cuando sea preciso, ni antes ni después, y digo que aprendí aunque quizá lo más exacto sería decir que lo absorbí, pasó a formar parte de mi.
Quizá por eso ahora soy madre soltera, vivo con mis padres, me he quedado sin trabajo, y sonrío cada día, por que cómo decía alguien: "estoy jodida pero contenta".
Una última reflexión: mi profesora de canto solía decir que la voz debe fluir sola, no hay que conducirla, no hay que presionarla ni bloquearla, simplemente ofrecerle un camino por el que salir y empujarla un poquito desde la base.
La gestión de las emociones se me antoja igual, no hay que darle muchas vueltas, simplemente dejar que circulen.
Un abrazo a todos/as:
Iris
jueves, 5 de mayo de 2011
REFLEXIONES DE MÓNICA: “ENREDADOS EN NUESTRAS DUDAS”
En la vida se nos plantean muchas situaciones en las que tenemos que decidir cosas. Por ejemplo tengo que decidir si estudio una carrera u otra, si acepto ese trabajo que me han ofrecido o no, si me voy a vivir con mi amigo o no, si me compro un piso, si tengo o no tengo hijos... son muchísimas las decisiones que tenemos que tomar durante nuestra vida.sábado, 19 de febrero de 2011
EL TRASTORNO POR ATAQUES DE PÁNICO
Hace poco, estaba dando un curso para médicos y enfermeras y me pidieron que les hablase de los ataques de pánico, un problema muy habitual en las consultas de los psicólogos. En casi todas las charlas que doy sobre miedos, me preguntan sobre esto, así que vamos a hablar un poco aquí del problema.
Yo, de hecho, estudié mi especialidad con el italiano Giorgio Nardone, el máximo especialista en este campo. Allí pude estudiar unos cien casos de este trastorno. Después, he tratado montones y montones.
Al trastorno por ataques de pánico también se le llama “miedo al miedo” y creo que esta es la mejor definición porque lo que le sucede a la persona y es que desarrolla una extrema sensibilidad a determinados síntomas asociados al miedo: palpitaciones, sofoco, sensación de ahogo, mareos, vértigo... y, sobre todo, mucha ansiedad asociada a sus concomitantes pensamientos: “me voy a morir”, “me voy a volver loco”, “voy a perder el control y hacer una burrada”...
Yo siempre les digo a mis pacientes que el día que ya no le tengan miedo al miedo, ese día estarán curados. Ése es el proceso que hacemos en la terapia. Le enseñamos a la persona a perderle miedo a los síntomas. Entonces, la persona deja de tenerlos para siempre.
Es muy importante que la gente que tenga este problema vaya al psicólogo porque es un tema bastante fácil de curar para nosotros y, sin embargo, de dejarlo sin tratar, puede crecer hasta convertirse en una pesadilla. Muchas personas empiezan a evitar escenarios donde les podría coger el pánico y cada vez se encierran más en un mundo reducido. Al mismo tiempo, el problema crece y los síntomas se hacen más duros. Es como una espiral negativa.
Si tenéis dudas sobre el tema, preguntadme a través de los comentarios del blog e intentaré resolverlas todas.
Un abrazo.
Rafael
jueves, 18 de noviembre de 2010
REFLEXIONES DE MÓNICA: YO VEO “GRAN HERMANO”
Hoy me gustaría formularos una pregunta ¿vosotros veis “Gran Hermano”?, como para gustos no hay nada escrito, habrá muchos que responderéis que sí y otros muchos que no. Pero ocurre un efecto muy curioso cuando se formula esta pregunta en según que ambientes y es que mucha gente dice que no lo ve, cuando realmente si que lo ven. Y podríamos enumerar muchos programas con los que ocurre este fenómeno, suelen ser la mayoría de Tele 5, ¿verdad?.