domingo, 26 de marzo de 2017

REFLEXIONES DE MÓNICA SIMÓN: UN ARTÍCULO INTERESANTE, LAS BUENAS PERSONAS TAMBIÉN TENEMOS DERECHO A DECIR BASTA


Hola a todos, hoy os dejo con un artículo muy interesante que da para reflexionar... el artículo es de Valeria Sabater. Espero que os guste!!

Un abrazo,

Mónica Simón

LAS BUENAS PERSONAS TAMBIÉN TENEMOS DERECHO A DECIR BASTA!

Las buenas personas no cerramos por vacaciones ni tenemos horario de oficinas. Nadie nos recompensa por lo que hacemos ni nosotros lo deseamos. Somos de un material poco usual, pero es de este modo como entendemos la vida, y es así como nos habla nuestro corazón.
Ahora bien, ser bueno no es ser ingenuo. Es tener unos valores propios por los que luchar y que a la vez, nos definen, pero en el momento en que nos sentimos vulnerados o utilizados de forma egoísta, hay algo por dentro que empieza a quebrarse.
En el momento en que las buenas personas se dejan llevar por unos y por otros sintiendo la sombra del egoísmo hilando cada movimiento, aparece la sombra de la decepción. Entonces dejan ya de esperar nada, porque dejan de creer en sí mismos.
En realidad es algo más complejo de lo que pensamos. Cuando alguien hace las cosas por libre voluntad es su espíritu quien le guía, es la espontaneidad y su propia integridad. Pero cuando otras personas vulneran estos principios para llegar a un objetivo en busca de un beneficio propio, en lugar de culpabilizar a quien nos ha manipulado, nos culpabilizamos a nosotros mismos. Es lo más común.
Nos decimos aquello de que somos ingenuos, que damos demasiado, que no sabemos intuir las cosas, a las personas…. Y todo ello, toda esta autoproyección negativa va minando poco a poco nuestra autoestima de un modo peligroso. Reflexionemos hoy sobre ello.
Las almenas de nuestros propios castillos
Cuando percibimos la invasión de segundas personas sobre nuestros espacios personales, solemos desplegar las clásicas estrategias defensivas para protegernos. Y aún más, responsabilizamos a los demás de ese agravio. Ahora bien, en el caso de las buenas personas, esto no siempre sucede de este modo.
Las buenas personas suelen girar la cabeza hacia ellas mismas responsabilizándose de esa“intrusión”. Se ven a sí mismas como demasiado confiadas, llegando a pensar que si alzan las almenas de sus propios castillos, se perderá parte de lo que son, dejarán de estar en equilibrio con sus principios.
Ahora bien, debemos tener claro que todos nosotros necesitamos tener un espacio de control, un límite personal tras el cual, es obligatorio a alzar nuestras almenas para que no se nos vulnere. Para convencerte aún más sobre ello, es importante que tengas en cuenta estos sencillos aspectos:
Poner límites no te va a alejar de los demás
Las buenas personas tienen todo el derecho a decir basta sin que las llamen egoístas. Sabemos que quienes te rodean están más que acostumbrados a que siempre digas sí, a que estés disponible y que les recibas con una sonrisa.
Poner límites te va a ayudar a conocerte a ti mismo y a los demás. Debes saber hasta dónde quieres llegar, y a partir de ahí, deben ajustarse también los demás.
Incluso el amor necesita límites
Si alguien pensaba lo contrario se equivoca. No hay contexto más necesario en el cual marcar unos límites claros que en las relaciones afectivas, familiares o de amistad. En realidad, no habrá forma más afectuosa y cómplice que poder decir con tranquilidad un “no” sin preocuparnos de que la otra persona se vaya a sentir ofendida o contrariada por ello.
Decir “te quiero” no se traducirá jamás con “estoy dispuesto a hacer cualquier cosa que me pidas en el momento en que tú desees”
Querer a alguien, ya sea a una pareja, a un amigo o aun familiar es poder actuar con libertad de acuerdo a nuestros principios, sabiendo que vamos a ser respetados en todo momento.
Decir “no” nunca te hará ser mala persona
Antes de convencer a los demás, debes convencerte a ti mismo. Es necesario poder decir basta, y decirlo en voz alta con convicción sin avergonzarnos por ello ni sentirnos mal. Piensa que si día tras día cedes en todo aquello que te piden, lo que acaba ocurriendo en realidad es que te están robando la energía, la autoestima, y a su vez… te van a convertir en alguien que no eres.
Llegará un momento en que cuando desees ayudar a alguien de verdad, te será imposible. No tendrás fuerzas, ni ánimos, y peor aún, ya no creerás en ti. Debes tenerlo claro, las buenas personas tienen derecho a decir basta. Ello, te ayudará a tener una comprensión más clara de lo que eres, lo que te importa, y a la vez, se lo mostrarás a los demás.
La importancia de trazar una línea imaginaria entre tú y los demás
Levantar almenas a tu alrededor no es como crear de la noche a la mañana una linea de castigo para los demás donde tú, quedas aislado a la vez que protegido. Es todo lo contrario…
Trazar límites no es poner muros. Visualízalo como una linea de luz, como una linea de energía que trazas alrededor de tu cuerpo donde tus energías, tus emociones y tus valores quedan protegidos.
Todo ello te va a ofrecer la seguridad de estar actuando con integridad para construir auténticas relaciones positivas. De ese modo, quien de verdad te quiera te va a comprender, porque las buenas personas a pesar de no querer nada a cambio, necesitamos reciprocidad, y sobre todo, ser respetados. No lo olvides nunca.
Valeria Sabater
Fuente: lamenteesmaravillosa

lunes, 13 de marzo de 2017

REFLEXIONES DE MONTSE ROVIRA: ¿POR QUÉ SOY ASÍ?


¿Por qué soy así?

Esta pregunta no siempre es una pregunta. Si el motivo de la pregunta tiene que ver con un lamento acerca de algún aspecto de ti que no consideres adecuado, te propongo detenerte unos minutos para reflexionar y preguntarte:  “¿Por qué me pregunto por qué soy así?”. Probablemente el “así” al que te refieres incluya una manera de pensar, de sentirte o de comportarte que no te gusta, que te resulta dolorosa, limitante, inapropiada. Puede que afecte a tus relaciones con los demás, a tu desempeño en la vida, a la percepción que tienes sobre ti mismo. 

Es bastante habitual buscar la respuesta a la pregunta en el exterior puesto que durante años hemos vivido bajo la influencia de maneras de pensar que han condicionado la nuestra y que iban en esa dirección. Ese condicionamiento viene dado por lo que hemos oído en casa, por lo que la ciencia decía al respecto y por lo tanto hemos aprendido, por los modelos que transmiten los medios de comunicación, en suma por el tipo de entorno socio-cultural en el que nos desenvolvemos. 

Respuestas comunes a la pregunta podrían ser: “porque he nacido así”, “porque he salido a mi abuelo”, “porque la vida me ha hecho así”, etc. Todas esas respuestas u otras parecidas traen consigo la noción de que somos víctimas de las experiencias o de la genética. Todas ofrecen una explicación determinista que concluye en un “soy así, porque soy así, y no puedo remediarlo”.

Si reflexionas acerca del motivo de la pregunta te darás cuenta de que en su trasfondo es únicamente una queja. Tal vez no estés en realidad buscando una respuesta sino que simplemente estás verbalizando tu malestar por lo que te inquieta. Vamos a suponer que realmente encontraras una respuesta exacta y fehaciente a la pregunta inicial y que, -por ejemplo-, supieras de forma incuestionable que “eres así porque has heredado esa condición”. Imagina que alguien te demuestra que no hay duda de que eres así porque has salido a tu abuelo. ¿Qué ocurre ahora? ¿Te sientes mejor al saber el origen preciso de tu malestar? ¿Te ayuda a seguir adelante con más recursos? ¿Te anima a iniciar los cambios necesarios para desvanecer tu inquietud? Ahora que ya sabes la respuesta, ¿qué vas a hacer?

Cuando eres consciente de que tu estado de ánimo no es como te gustaría que fuera, cuando tienes problemas de relación, cuando te comparas con otros y piensas “me encantaría ser como esa persona”, estás en una disposición inmejorable para solucionar tu dilema. Ser consciente de que algo no marcha bien es el primer paso para cambiarlo, en caso contrario no te formularías la pregunta del encabezamiento, ni siquiera para quejarte.

La TREC (Terapia Racional Emotiva Conductual) contempla al ser humano como el resultado de la cognición, las emociones, la conducta, la biología y la interacción con el ambiente. Supuso una revolución en el campo de la Psicología cuando su creador, Albert Ellis, expuso su trabajo ante la Asociación Americana de Psicología para decir al mundo: “hacemos lo que hacemos porque pensamos lo que pensamos”. 

En la misma época en la que Ellis presentó su teoría, el mundo recibió con entusiasmo la noticia de que se había hallado la estructura molecular del ADN (Watson y Crick, 1953), uno de los logros científicos más notables de la historia que permitiría explicar porqué somos como somos y que hizo popular la frase “todo está en los genes”. Sin embargo el avance tecnológico ha supuesto una catapulta para que la ciencia se desarrolle a un ritmo vertiginoso y actualmente ya se consideran obsoletos los paradigmas de hace sólo unas décadas.

¿Soy lo que determinan mis genes?

El genotipo es la información contenida en los genes (ADN) que nos viene dada por la herencia y que puede que se exprese o puede que no. Por ejemplo: tu padre tiene los ojos claros y tu madre oscuros. En tus genes está la información de ambos pero sólo se expresará la dominante. A esta expresión del genotipo se la llama fenotipo: tú tienes los ojos oscuros como tu madre o claros como tu padre. Podemos decir que el fenotipo es la traducción observable del genotipo, no sólo en tus características morfológicas (observables), sino también en tu fisiología y en tu comportamiento. 

Durante años se ha observado la Genética como una especie de receta a partir de cuyos ingredientes somos como somos. Sin embargo, una ciencia relativamente nueva, la Epigenética, argumenta la existencia de factores que inciden en el desarrollo de un organismo. Estos factores no alteran la secuencia del genoma, pero modifican su actividad. La conclusión a la que llega la Epigénesis queda patente en su propia definición: “doctrina según la cual los rasgos que caracterizan a un ser vivo se configuran en el curso de su desarrollo, sin estar preformados en el huevo fecundado” (RAE).

Etimológicamente, el prefijo “epi” significa “sobre”, es decir: Epigenética significa “sobre la Genética”, o “más allá de la Genética”. Como resultado, más allá de los supuestos condicionamientos prenatales, la relación entre genes, pensamiento y conducta está siendo reconsiderada. Ya no se contempla el ADN como la molécula que controla tu vida. La Epigenética nos explica que es la interacción con el entorno celular la que realmente provoca cambios visibles en tu pensamiento, en tus emociones y en tu conducta. 

El hecho de que factores ambientales puedan activar o desactivar determinados genes se explica a través de los cambios bioquímicos que ocurren en el organismo. ¿Ejemplos? Cuando centras tu atención en el recuerdo de un ser querido, en una experiencia agradable, en un proyecto que te ilusiona, tu cerebro pone en marcha mecanismos que liberan las llamadas “hormonas del bienestar”. La primera consecuencia es un estado de ánimo acorde al pensamiento que lo está originando. 

Cuando tus pensamientos giran en torno a situaciones que te provocan miedo, agobio, preocupación… tu sangre se llena de "hormonas del estrés", con la subsecuente alteración anímica y conductual. Si por ejemplo, te atemoriza pensar en viajar en avión, lo evitarás. A esto se refería Ellis cuando decía "hacemos lo que hacemos, porque pensamos lo que pensamos".

Cuando preguntarte “por qué soy así? no supone más que una queja, sé consciente de que quejarte no resolverá tus dudas. Lo que las resolverá y te ayudará en tu camino hacia el bienestar es preguntarte: "¿Qué tengo que pensar para ser de otra manera?". Hasta donde la ciencia sabe hoy en día, somos lo que somos fruto, -en parte-, de la herencia y del entorno, pero sobre todo de lo que hacemos con ello de manera consciente y voluntaria a través del pensamiento. Es innegable que el color de tus ojos está configurado por los genes que has recibido, sin embargo, tu manera de pensar, sentir y actuar únicamente depende de ti. Aunque puedas haber heredado cierta propensión a desarrollar rasgos parecidos a los de tus antepasados, tú tienes la facultad de influir en tus procesos mentales y ellos son los que van a configurar tu vida. 

Las creencias que nos han impuesto los modelos sociales han ejercido una enorme influencia en cómo vemos la vida y cómo nos vemos a nosotros mismos, pero sólo son creencias y como tales son susceptibles de ser sustituidas por otras más sanas y productivas. Plantéate cómo tienes que modificar tu forma de pensar para pasar de ser la persona que ahora eres, a la persona en la que quieres convertirte.

Los estudios más recientes en el campo de la Epigenética se dirigen a comprender qué sucede para que la expresión genética esté afectada no sólo por las experiencias que vivimos, sino también por los pensamientos y por los sentimientos. Ya se ha demostrado que el epigenoma cambia durante la vida y que esos cambios tienen lugar en gran medida por nuestra percepción e interpretación personal sobre lo que nos acontece. La interpretación personal tiene su origen en lo que en Psicología llamamos sistema de creencias, así que gracias a nuestra capacidad cognitiva podemos modificar las instrucciones recibidas en los genes cambiando nuestro sistemas de creencias y con ello re-escribir el futuro de nuestra historia personal.

Aquí tienes un breve vídeo explicativo sobre este tema:


Montse Rovira
www.trecseo.com

REFLEXIONES DE PILAR G. VADO: CARTA A MI MOSCA COJONERA

A continuación os dejo una carta que un paciente ha escrito a su ansiedad, a quien él, cariñosamente, denomina su “mosca cojonera”. Para él la ansiedad no es algo terrible contra lo que hay que luchar, sino más bien es una aliada, una amiga, una compañera de vida que, aunque resulta incómoda, tiene el único propósito de ayudarle a crecer.  

“En primer lugar, considero que tener o vivir con ansiedad es algo normal, un sentimiento o sensación habitual en nuestra sociedad actual. Ciertamente es insano, y sería deseable evitar su aparición y buscar los orígenes o focos de la misma, pero en ningún caso es algo terrible.
Sus síntomas, sobre todo físicos, pueden llegar a resultar algo incómodos y sería deseable no tenerlos, pero ello no me impide desarrollar una vida totalmente normal. Seguir disfrutando de los pequeños placeres que me ofrece la vida y la gente que me rodea, hacer cosas útiles en mi trabajo o fuera de él.

Y ahora que ya tenemos confianza te trataré de tú. Por supuesto que podré tomar una cerveza viendo deporte aunque tú estés ahí, por supuesto que podré tener una cena agradable y de risas con mis amigos y como no podré salir a dar un paseo y disfrutar de mi Madrid. Quizás si consigo que seas mi acompañante en estas andanzas, a ti te resulten aburridas y acabes decidiendo abandonarme.

Aunque tuviera que convivir contigo toda la vida tampoco sería terrible. A mi alrededor existen ejemplos de personas que van a convivir toda su vida con cosas mucho peores, con por ejemplo, mi amiga Sara y su doble amputación de piernas, el gran Stephen Hawking y su enfermedad ELA, Paolo Badano y su paraplejía, Enhamed y su ceguera; y no por ello pierden su valioso tiempo en estar lamentándose y quejándose.

Incluso en sus días peores aceptan lo que tienen, no con resignación, sino que reconocen lo mejor dentro de su adversidad y manifiestan lo poco que ayuda quedarse dentro de un bucle de quejas y lamentaciones que lejos de ayudar lo único que genera es más ansiedad, depresión, etc.

Doy gracias por vivir aún con aquellas cosas que me desagradan, como tú. A partir de ahora te voy a llamar "mosca cojonera". Quizás a ti no te guste este nombre, me da igual, quizás me cueste quitarte de encima, quizás cuando piense que ya no estás reaparezcas o quizás quién sabe nunca conseguiré escapar de ti; pero tengo que aceptar que eres parte de mi vida, que fluyes como mi sangre o como mis impulsos nerviosos, y al estar ahí me permites el que me dé cuenta de cuál es tu origen y así luchar contra lo que verdaderamente es importante, sí me será útil y provechoso.

Me despido diciendo que no lucharé contra ti, lucharé contra tus padres, con tus creadores silenciosos como por ejemplo aquellas ideas de ser perfecto en todo lo que hago, obtener resultados inmediatos, ganar mucho dinero, tener éxito, caer bien a todo el mundo, etc., todas aquellas creencias que no sólo no me hacen feliz sino que contribuyen y favorecen tu nacimiento y que aún sigas ahí”.

JLC

domingo, 26 de febrero de 2017

REFLEXIONES DE PILAR G. VADO: EL AQUÍ Y EL AHORA


Recuerdo que en la película "El guerrero pacífico", basada en la novela autobiográfica de Dan Millman “El camino del guerrero pacifico”, Sócrates, el personaje que interpreta Nick Nolte, lleva a Dan, el protagonista, a la montaña para enseñarle algo pero sin desvelarle de qué se trata. El chaval camina durante tres largas horas entusiasmado igual que un niño la noche de Reyes, esperando contemplar algo mágico al final del camino.

Agotado por la larga caminata, Dan pregunta cuánto falta para ver eso tan maravilloso, entonces Sócrates se detiene de repente señalando una pequeña piedra en el camino, mientras le dice, improvisando, que eso era lo que quería enseñarle. Dan decepcionado, se queja de haber hecho esa larga excursión para nada. Lo que Sócrates pretendía que el chico aprendiera es que lo que aporta la felicidad es el viaje, no el destino.

Muchas veces, como le pasaba al protagonista de la película, pensamos que cuando consigamos nuestros objetivos seremos felices y eso precisamente nos impide disfrutar de todo aquello que ya tenemos a nuestro alcance. Creemos que lograremos la felicidad cuando terminemos nuestros estudios, o cuando consigamos el trabajo de nuestros sueños, o cuando encontremos pareja, o cuando tengamos un hijo, o cuando nos jubilemos, o cuando nos toque la lotería... No nos engañemos, nada de eso nos hará felices si no lo somos ya, no perdamos el tiempo buscando fuera lo que ya tenemos dentro.

Si tenemos la mala costumbre de fijarnos solo en lo que no poseemos o en aquello que no nos va todo lo bien que nos gustaría, jamás lograremos la felicidad porque siempre surgirán problemas o circunstancias que harán que nuestra vida no sea perfecta, pero tampoco necesitamos que todo lo que nos rodea nos sea favorable para ser felices.

Es fantástico tener deseos, pero no debemos caer en el error de pensar que si no se cumplen seremos unos desgraciados toda nuestra vida, porque entonces ya no estamos hablando de deseos sino de necesidades a las que condicionamos nuestro bienestar emocional. Las personas verdaderamente felices son aquellas que tienen deseos a los que son capaces de renunciar, gozan de paz interior, disfrutan de las oportunidades que les ofrece la vida, se divierten y aman a los demás. Como decía San Agustín: "No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita".

Además de desprendernos de necesidades (que no de deseos), es fundamental para alcanzar la felicidad vivir el aquí y el ahora. No vivimos ni en el pasado ni en el futuro, vivimos en el presente y es justamente ahí donde viviremos el resto de nuestros días, así que es importante que aprendamos a saborear cada instante que nos brinda la vida, descubriendo la riqueza de los detalles que nos ofrece cada instante, concentrando toda nuestra atención y nuestros cinco sentidos en aquello que estemos haciendo en cada momento, evitando rumiaciones del pasado y preocupaciones del futuro.

Esto puede resultar en un principio bastante difícil porque nuestra mente salta de rama en rama, va sin control hacia el pasado y hacia el futuro, aunque la buena noticia es que, al igual que el cuerpo, la mente se puede entrenar para conseguir centrarnos en el disfrute del aquí y el ahora.

Es primordial darnos cuenta de que la vida es un valioso regalo que debemos aprovechar, porque no olvidemos que estamos en este mundo para divertirnos y no, como piensan algunas personas, para sufrir (si esto fuera cierto, la especie humana se hubiera extinguido hace ya muchísimo tiempo).

sábado, 4 de febrero de 2017

REFLEXIONES DE MÓNICA SIMÓN: La negligencia emocional sufrida en la infancia crea adultos poco asertivos



Os dejo un artículo muy interesante de la psicóloga Jennifer Delgado que publicó el Instituto de terapia racional emotivo (ITRE), espero que os guste!!

Un fuerte abrazo,

Mónica


La negligencia emocional sufrida en la infancia crea adultos poco asertivos

La asertividad es una competencia esencial para la vida. No solo nos evitará numerosos problemas en el ámbito de las relaciones interpersonales sino que también nos permitirá perder menos la paciencia y vivir de manera más equilibrada y relajada. De hecho, Anthony Robbins afirmó que "la forma en que nos comunicamos con los demás y con nosotros mismos, en última instancia, determina la calidad de nuestras vidas".

La asertividad no es más que la capacidad para hacer valer nuestros derechos con claridad de manera adecuada, sin ser demasiado pasivos ni muy agresivos, respetando a su vez los derechos de los demás.

Sin embargo, aunque parece muy sencillo, ponerla en práctica es un poco más complicado. De hecho, la mayoría de las personas que nos rodean no son asertivas, o lo son en muy poca medida. ¿Por qué?

En muchos casos la razón se encuentra en su infancia. Si hemos crecido en un hogar donde se practicaba la negligencia emocional, donde las emociones eran ignoradas o incluso castigadas, simplemente no hemos tenido la oportunidad de desarrollar la asertividad.

Tus 10 derechos asertivos

1. Tienes derecho a juzgar tu propio comportamiento, pensamientos y emociones, así como asumir la responsabilidad por ellos.

2. Tienes derecho a no ofrecer excusas ni explicaciones por tus decisiones.

3. Tienes derecho a decidir si asumes la responsabilidad de resolver los problemas de los demás.

4. Tienes derecho a cambiar de opinión.

5. Tienes derecho a cometer errores, y asumir las consecuencias.

6. Tienes derecho a decir “no lo sé”.

7. Tienes derecho a actuar independientemente de la “buena voluntad” de los demás.

8. Tienes derecho a tomar decisiones ilógicas.

9. Tienes derecho a decir “no lo entiendo”.

10. Tienes derecho a decir “no me interesa”.

Sin embargo, las personas cuyos padres pensaban que expresar las emociones era algo negativo, probablemente no serán conscientes de sus derechos. Si tus padres ignoraban o incluso castigaban tus expresiones emocionales, te habrá llegado el mensaje de que tus sentimientos, emociones y necesidades no cuentan.

Por tanto, quizá a menudo te descubres diciéndote frases como: “no hables de cosas negativas”, “no puedes dejar que los demás sepan cómo te sientes o qué piensas en realidad” o “no provoques alteraciones”. Estas frases seguramente provienen del discurso de tus padres, pero se han enquistado tanto en tu inconsciente que siguen determinando tu comportamiento, aunque hayas crecido.

Los resultados de la negligencia emocional en la adultez

La negligencia emocional es la incapacidad para responder adecuadamente a las necesidades emocionales de los niños. De hecho, una de las tareas fundamentales de los padres es, precisamente, validar las emociones de sus hijos y enseñarles a encauzarlas de la manera más adecuada. Los padres son el modelo emocional de sus hijos, son las personas en quienes estos se reflejan y buscan apoyo cuando se encuentran desorientados.

Si los padres no son capaces de reconocer esas emociones o cuando estas afloran les restan importancia a través de frases como “no hay motivos para llorar” o “no ha pasado nada”, le estarán diciendo al niño que su reacción, que es completamente normal y comprensible, no es adecuada. Como resultado, ese pequeño no sabrá qué hacer, por lo que se convertirá en un adulto que:

- No confía en sus emociones e instinto, ya que le han enseñado a ocultarlos e ignorarlos.

- Tiene dificultades para reconocer sus emociones y sentimientos ya que nunca fueron validados.

- Tiene problemas para expresar de forma asertiva sus emociones, por lo que asume posturas extremas: permite que los demás le pisoteen o se muestra muy agresivo.

- Desarrolla una baja autoestima pues cree que no es digno de ser amado.

- Experimenta sentimientos de culpabilidad y cree que no tiene derecho a ser él mismo.


Las bases para desarrollar la asertividad en cualquier etapa de la vida

- Aprender a reconocer las emociones propias y etiquetarlas. Saber exactamente cómo te sientes y por qué te ayudará a gestionar mejor esas emociones, de manera más asertiva.

- Ser consciente de tus derechos como persona, sabiendo que mereces ser tratado con respeto. Y ser consciente de que los demás merecen lo mismo.

- Valorar las opiniones de los demás, sabiendo que podemos disentir sin juzgar ni menospreciar al otro. Y exigir lo mismo a cambio.

- Desarrollar una autoestima sana, comprendiendo que los errores no disminuyen tu valía sino que son oportunidades para crecer. De esta forma no te sentirás amenazado por los demás y no responderás de manera agresiva ni dejarás que te pisoteen.

Por supuesto, también será de gran ayuda aprender algunas técnicas asertivas, para lidiar con las situaciones más complicadas.

En el caso de los niños, para desarrollar la asertividad es fundamental que los padres aprendan a respetar su individualidad y sus opiniones, aunque puedan parecer infantiles o poco prácticas.