jueves, 20 de julio de 2017

REFLEXIONES DE PILAR G. VADO ¿PUEDE UN TRABAJO HACERNOS FELICES?


Hay quienes consideran su trabajo como una auténtica pérdida de tiempo, una pesada obligación a la que dedican muchas horas sin que realmente les aporte gran cosa. Se sienten poco valorados, aburridos y desmotivados, con la sensación de estar malgastando su vida. No es de extrañar que estas personas a menudo fantaseen con una ocupación más vocacional que les permita desarrollar sus talentos o con un trabajo mejor remunerado, con un horario a medida, sin tanta presión, sin jefes… ¿Quién no ha soñado alguna vez con poder convertir su pasión en su profesión o con mandar todo al garete y marcharse al campo a cultivar hortalizas?

No niego que si nos dedicamos a algo que nos apasiona nos sintamos más contentos y satisfechos, pero, ¿qué tiene que ver la satisfacción con la felicidad? No hay que olvidar que la felicidad radica en un diálogo interno racional y no en un trabajo fantástico, una pareja maravillosa o en una sustanciosa cuenta bancaria. Sin embargo, a menudo caemos en la trampa de creer que sufrimos a causa de las circunstancias externas (un trabajo tedioso, una pareja poco cariñosa, dificultades económicas, una salud delicada…) y que si éstas cambiasen seríamos felices.

Si, por ejemplo, estamos convencidos de que el trabajo es el culpable de nuestra infelicidad y decidimos cambiar de ocupación con la esperanza de sentirnos libres, plenos y realizados, es cuestión de tiempo que nos decepcionemos y comencemos a buscar desesperadamente otras fuentes de gratificación que nos proporcionen lo que no hemos podido encontrar en el nuevo trabajo.

Generalmente eludimos la responsabilidad de nuestro bienestar emocional y atribuimos el poder de hacernos felices a un trabajo “perfecto” (o a cualquier otra cosa). Pero, ¿puede un trabajo aportarnos serenidad o calma mental? ¿Puede protegernos de cualquier perturbación emocional y transformarnos en personas fuertes que no exageran negativamente las adversidades? ¿Puede hacer que nos sintamos en armonía con la existencia? ¿Puede contribuir a que apreciemos lo que poseemos y a no quejarnos por lo que nos falta? ¿Puede ayudarnos a disfrutar de cada instante, de cada cosa que tenemos entre manos, viviendo plenamente en el aquí y el ahora?...

Por muy ideal y gratificante que sea lo externo no tendrá nunca la capacidad de hacernos felices si no lo somos ya, puesto que la felicidad es un estado de paz interior que se consigue no necesitando lo que no es realmente necesario, valorando lo que se tiene y disfrutando de las pequeñas cosas. Con una mente sana estaremos bien en cualquier situación y, por supuesto, en cualquier trabajo; esto no quiere decir que no intentemos cambiar de ocupación en un momento dado, pero lo haremos únicamente por el deseo de trabajar en algo que nos guste más y no por la necesidad de huir de aquello que creemos que nos tiene amargados.

Cambiar las circunstancias externas de nuestra vida no nos liberará de nuestro estado de infelicidad y tampoco nos conducirá al bienestar emocional, porque como muy acertadamente dijo el psicólogo Anthony de Mello:"Si lo que buscas es la felicidad, ya puedes dejar de malgastar tus energías tratando de remediar tu calvicie, o de conseguir una figura atractiva, o de cambiar de casa, de trabajo, de comunidad, de forma de vivir o incluso de personalidad. ¿No te das cuenta de que podrías cambiar todo eso, tener la mejor de las apariencias, la más encantadora personalidad, vivir en el lugar más hermoso del mundo... y, a pesar de ello, seguir siendo infeliz?".

miércoles, 21 de junio de 2017

REFLEXIONES DE DAVID VEGA: ¿NECESITAMOS LA FAMA?



" Si vas a Troya llevarás grandes gestas que te darán gloria inmortal pero morirás prematuramente ; si te quedas en tu casa vivirás una vida larga y tranquila y morirás de viejo rodeados de quienes te habrán querido de manera que solo ellos te recordarán y cuando se vayan también desaparecerá tu nombre".

"Con la flecha clavada en el talón el Pélida recordaba la piel de Briseida, los prados con Quirón, la cola de la túnica de su madre, la risa de su padre... Abrazado a esas remembranzas ahora los veía como los tesoros más preciosos que se pudiera tener. Le parecía que más valía ser un siervo en el campo que reinar entre todos los muertos y ocupar en el mundo de los vivos un instante fugaz de nostalgia".

La mitología griega no sólo es un pozo fascinante de aprendizaje  sino que para mi es una fuente imprescindible para satisfacer las exigencias de mis hijos a la hora de reclamar su cuento cuando les toca conmigo. Aunque en la parte del derrocamiento de Urano por parte de Cronos hubo que poner bastante tacto...

Yo como siempre me hago rogar un poco  les digo ¡ni los dioses pusieron tantos trabajos a Hércules! , pero la verdad es que como padre no hay momento en el que me sienta más feliz que cuando me toca contarles el cuento. Y como es de esperar , luego otro y otro...hasta que nos quedamos todos dormidos.

Muchas personas a lo largo de su vida han perseguido la fama como fuente de felicidad, aun sabiendo que podría acortar su vida.

En una encuesta hecha a atletas :Death in the Locker se llegó a la conclusión que más de un cincuenta por ciento de los deportistas tomaría una droga indetectable que “les garantizase ilimitadas victorias deportivas durante cinco años, incluso aunque fuesen seguidas por muerte súbita.

La fama es una cualidad neutra. Ni buena ni mala. Hay quien la busca y hay quien la rehúye.

No sé si os creeréis que empecé a usar mascarilla en la seguridad social ( antes sólo la pantalla), para que la gente no me reconociera por la calle Mayor. ¡ Algunos hasta me enseñaban la boca para que les dijera que arreglo tenía!. Y  los que habían tenido una mala experiencia conmigo, a recurrir al running!!

El problema es identificar la fama con la felicidad. Vemos a los famosos y nos imaginamos que llevan una vida fácil, perfecta... Vamos , que lo tienen todo!!!
Y nosotros ¿como vamos a ser felices con nuestras carencias?. No somos tan guapos , tan elegantes, tan ricos, tan extrovertidos...

Leí hace un mes en el País que "Hollywood ya no oculta sus depresiones". La lista de nuestros modernos Aquiles es interminable :

Brad Pitt , Ben Affleck, Brooke Shields, Gwyneth Paltrow , Sarah Michelle Gelle, Anne Hathaway, Ashley Judd, Zach Braff o Maureen McCormick,Catherine Zeta-Jones, Jon Hamm ,Owen Wilson ... Como reconoce en la misma entrevista, mientras que todos desearíamos ser Brad Pitt, él, por el contrario, preferiría cambiar su nombre y desaparecer en el anonimato...

Homero nos enseñó hace unos 2800 años que no es la fama lo que nos da la felicidad sino el apreciar las pequeñas cosas y el amor a la vida . Y ojalá  no esperemos a darnos cuenta de esto cuando nos entra la lucidez en la cercanía de la muerte.


sábado, 3 de junio de 2017

REFEXIONES DE PILAR G. VADO: SE PUEDE APRENDER A CAMBIAR


A continuación os dejo el mensaje que una paciente, ya casi ex paciente, se ha ofrecido muy generosamente a compartir: todos podemos, a cualquier edad, dar un giro radical a nuestra forma de pensar y convertirnos en personas emocionalmente más fuertes y felices.
Transformarse es posible, es real.
También es real que la primera en dudarlo es nuestra mente que pondrá todas las resistencias al cambio.
Nos puede sonar mal. Mover nuestros propios cimientos, nos da miedo remover, replantear discutirnos. Creemos que son nuestras bases y principios, como hemos pensado siempre, de toda la vida. Es nuestro carácter, también lo que nos han enseñado.
Pero la mayoría son convencionalismos, son creencias muy arraigadas necesidades que nos hemos inventado, pero lo que es más importante: nos lo creemos hasta el fondo y las defendemos; aunque nos sintamos unos desgraciados, inferiores, perdidos aunque estemos muy mal nos cuesta creer que podemos cambiar.
Soy una mujer madura, pasados un poco los 50 y en éstos últimos años he arrastrado una depresión importante, donde campaba toda la debilidad el temor a estar sola y muchos miedos. Porque cuando terribilizamos el miedo se amplifica invasivo.
Tuve que tocar fondo para reaccionar. Nos pasa mucho a los humanos ¡Menos mal que no esperé a estar enferma grave o a un accidente! -también pasa a los humanos- para lanzarme a decirme: No puedo seguir ahogada. Mi vida consistía “...en intentar salir a flote, hundirme, sacar la cabeza un instante para tomar aire, tragar  mucha agua salada y seguir una lucha sin fín... ” Mi salud mental se convirtió entonces en una prioridad en todos los sentidos ¿Había algo más importante, algo más que yo misma? ¿Acaso lo hay?
La Terapia Cognitiva tiene muchas cosas que me gustan pero una de ellas es que el cambio sólo puedes hacerlo tú misma; con un método con honestidad y mucho trabajo, y después perseverar. He necesitado casi un año intenso de trabajo interior para curarme de la depresión, de la dependencia emocional. Ahora es mi forma de pensar por tanto de vivir. Yo me demostré a mí misma que No necesitaba a nadie, para ser feliz. Así de fácil, algo aparentemente tan tonto, tan elemental, tan evidente pero tan esencial. Pues a mí me pasaba, hasta el punto de no saber ni quién era. 
Trabajados los miedos, las terribilizaciones, trabajadas las creencias fantasiosas sobre tu pasado y futuro -porque nuestra mente es una fábrica de mitificar- bueno, pues cuando desmontas todos los escenarios creados, cuando trabajas uno a uno los miedos (porque Necesito-Exijo-Me exijo-No soporto son la misma cosa, yo me lo he demostrado) es cuando, simplemente pierden toda su fuerza, algunas dejan de ser trágicas otras pierden todo su dramatismo, otras muchas muestran con humildad tu grandeza como ser humano, tan igual, tan “normalito” como tu jefe.
Sientes una gran liberación.
Después aprendes a colocar las cosas en su sitio. Primero obligándote un poquito, después sale todo casi intuitivo de forma natural y todo adquiere sensatez una lógica racional. Aprendemos a utilizar la mente a nuestro favor, es nuestra herramienta para reprogramarnos. Y se puede aprender, aunque tengas mucha parte de tu vida hecha. Da igual.
Pero éste es un trabajo único, individual, por otro lado el más fiable y verosímil que puede haber. Con las herramientas de trabajo de la Terapia Cognitiva y a veces como yo con la ayuda inestimable de una psicóloga/o, pero nadie puede hacerlo por nosotros. No existe el comprimido del Cambio Interior o la pastilla de la Fortaleza Emocional. Porque además a los humanos nos pasa, que si la forma es compleja nos decimos ¡Uy es demasiado difícil! Y si es simple nos diremos ¡Ah demasiado fácil para ser verdad!
Con éstas palabras no hay ninguna pretensión de acercarse a ser modelo de nada, claro que no. Pero yo ya no soy aquella persona y lo digo con cariño para aquella chica atormentada, confusa y majeta que era.
Ahora he aprendido a reconocer muy bien las superexigencias los apegos, a discernir las ficciones a distinguir las necesidades exageradas que tan confundidos nos tienen y tanto nos hacen sufrir. Ahora ya no es una terapia es mi nueva forma de ver la vida digamos una filosofía. Ahora puedo decir que soy una persona feliz. Siento que voy liviana con ligereza porque he soltado muchas amarras. He aprendido a evaluar las adversidades más en su justa medida. Sé dónde se alberga mi valía, mi valor. Siento que amo mi vida con serenidad con comprensión. Contemplo la vida y el mundo con los sentidos.
Ahora soy consciente de algo tan evidente también como entender que estamos aquí para disfrutar, para sentirnos en paz, para gustarnos un montón. La certeza que todo pasa por aceptarnos sin condiciones, también a los demás que son como nosotros.
Este camino no ha hecho más que empezar, ahí están las herramientas de trabajo de la Terapia Cognitiva, las lecturas de los tres libros de Rafael Santandreu – Con cariño, mi estrella polar – las reflexiones del maravilloso A. de Mello, la sabiduría de E. Tolle y mi querida Pilar que me avisa con su gracia de las recaídas que como dice Rafael “...Son períodos de vuelta a la depresión a la ansiedad o a la obsesión… forman parte del proceso, son los trompicones y caídas de un niño que aprende a caminar.. En el momento de la crisis, la caída se vive como un traspiés intolerable. A menudo como un fracaso total, pero si perseveramos… volveremos a estar bien y el aprendizaje seguirá progresando y consolidándose”.
A Rafael y a Pilar

lunes, 22 de mayo de 2017

REFLEXIONES DE DAVID VEGA: CITA CON EL PSICÓLOGO


La semana pasada recibí en la clínica a un amigo que hacía casi un año que no lo veía .
Antes de empezar a tratarlo ( tal vez pensando qué me apiadaría de él y le haría menos daño) me contó que estaba en trámites de separarse. Enseguida le felicité por haber dado el paso. Y no es que ella me caiga mal. ¡Hasta la puse doble ración de anestesia cuando la extraje una muela! El caso es que lo llevaba mal con su mujer desde hacía al menos nueve años . 

Durante este tiempo nos veíamos de vez en cuando y siempre me decía si seguían así las cosas lo mejor que podía hacer era separarse. Lo aplazaba a ver si con el paso del tiempo las cosas mejoraran . Pero como suele ocurrir los problemas no mejoran por sí mismos​. Generalmente o siguen igual o empeoran. Sólo si haces algo pueden arreglarse. Y sino se arregla puedes darte cuenta de que no está en tu mano solucionarlo y necesitas ayuda externa. Si una vez agotado los medios , comprendes que no tiene solución al menos te ahorras el malestar unos cuantos años.

Como sucede muchas veces mi amigo acudió al psicólogo, sobre todo en el momento que decidió separarse. Pidió a su todavía mujer que lo acompañara pero no consiguió que hicieran terapia de pareja .
El caso que esta historia la puedo contar de otras cuatro personas que conozco   ( ¡ y no conozco a tantas ! ). Vale lo admito , yo soy una de esas cuatro personas. Por eso sé bien de lo que hablo.

De las cinco parejas , cuatro separadas y la quinta  es lo más parecido a una noria. Ahora han mejorado sus circunstancias externas y están ​bien ... hasta que vuelvan a cambiar las circunstancias. Pero si hay algo que he aprendido es que la felicidad es una decisión interna que no depende de lo que nos rodea (Julio Justo de la Rosa).
La única pareja que trató de hacer terapia, estaba tan mal la cosa que la psicóloga recetó separación inmediata.
Las personas cuando tenemos fiebre enseguida acudimos al centro de salud. Si tenemos un dolor de muelas rápidamente​ vamos al dentista pero si tenemos un problema serio que empieza a afectar a nuestra relación de pareja ¿ por qué nos cuesta tanto pedir ayuda externa?. Principalmente por 4 motivos:

1- No terminamos de confiar en que el psicólogo sea la solución.
Todos estamos pensando en larguísimas terapias semana tras semana con un coste muy elevado y que el psicólogo solo está para hacer un poco cómo que vas al confesionario , con resultados dudosos.                              Y hasta que no conocí la psicología cognitiva yo también pensaba igual.


2- Cuesta mucho dinero.

Es evidente que hay personas con graves problemas económicos que a lo mejor no se pueden permitir ir a un profesional pero a esas personas les diría que a través libros tertulias y blogs como este también se puede cambiar radicalmente de forma de pensar.
Pero los casos que estoy comentando no ha sido por dinero. Como ya tienes desconfianza al trabajo del psicólogo, piensas que ir a un sitio donde no te van a arreglar nada y te cuesta , no merece la pena.

Además en España estamos acostumbrados a que la sanidad sea gratis.
Una prótesis de cadera es carísima pero no nos damos cuenta de su precio en cambio si ponemos una prótesis sobre implantes lo primero que pensamos es ¡que caro son los dientes!.
Con el psicólogo nos pasa algo parecido.


3- No valoramos lo suficiente la salud mental.
No nos importa gastamos el dinero en gimnasio , productos de belleza , ropa.... Cuando vemos un reportaje sobre el aceite de palma , grasas​ de productos procesados , panga... Se convierte en tema de interés nacional.
En cambio lo del aumento vertiginoso de ingesta de​ psicofármacos parece que no va con nosotros.

4- Tenemos miedo de abrir nuestro interior.
Quizá fue el factor más determinante de estos casos. ¿Pero como voy a contar a un desconocido mi intimidad? 
Lo curioso es que (en los casos que conozco) , varios cónyuges​ fueron por su cuenta. Lo que no hubo forma es ir juntos , salvo un caso, y porque fue a través de la seguridad social.
La conclusión que he extraído es que lo de ir al psicólogo es como ir al dentista: te da un poco de miedo ( pánico para algunos) y te cuesta dinero (no digo que no) , pero si tratas el problema a tiempo y sigues las indicaciones para que no te vuelva a suceder lo normal es que el tratamiento sea efectivo.

lunes, 15 de mayo de 2017

REFLEXIONES DE PILAR G. VADO: ¡DESPIERTA A LA VIDA!


Los que practicamos la psicología cognitiva solemos decir que el propósito de esta terapia es conseguir ver la vida con los mismos ojos que la perciben muchas de las personas que han superado una grave enfermedad o que han sobrevivido a un accidente, pero sin tener que pasar por ninguna de esas situaciones.

Yo soy partidaria de aprender de todo lo que nos pasa en la vida, sobre todo de las adversidades. Son muchas las personas que han sufrido una enfermedad grave o un desafortunado accidente y que han aprovechado esa circunstancia para crecer emocionalmente. ¿Cómo lo hacen? Cambiando su escala de valores, apreciando lo que tienen, no quejándose por lo que han perdido y disfrutando del presente.

Veamos con un poco más de detalle algunas de las muchas enseñanzas que podemos extraer de este tipo de experiencias:

-Lo primero que aprendes cuando te sucede algo así es a ser humilde. Tomas consciencia de tu fragilidad como ser humano, de lo insignificante que eres y de lo poco importantes que son las cosas que haces. Mañana podrías estar muerto y todo seguiría su curso: tus seres queridos sentirían una profunda tristeza durante algún tiempo y te echarían de menos pero seguirían con sus vidas, otra persona desempeñaría tu trabajo, el sol saldría y se pondría cada día, la tierra continuaría girando alrededor del sol, se sucederían las estaciones, los años, la vida…

-Despiertas de la fantasía de inmortalidad en la que vives, sabes que todos nos tenemos que morir, pero no te lo acabas de creer. Tienes la sensación de que morir es algo que les pasa a los demás, pero no a ti. Al ver la muerte de cerca, te das cuenta de que tú también eres mortal y de que no tienes que estar muy enfermo o ser una persona de avanzada edad para que en cualquier momento puedas dejar de existir.

-Aceptas la incertidumbre como parte de la vida, hay muchas cosas que por mucho que lo intentes escapan a tu control y una de esas cosas es la muerte. Cuidando tu salud y siendo precavido tal vez consigas esquivar la enfermedad y los accidentes, pero no la muerte.

-Te cuestionas si preferirías que las personas significativas para ti te recordaran por ser alguien muy eficiente, trabajador, resolutivo, responsable, atractivo, exitoso, con mucho poder adquisitivo, con grandes capacidades, con vivencias extraordinarias…, o por tus actos de amor y tu alegría.

-Empiezas a apreciar la vida como lo más importante. Qué duda cabe que estar vivo es lo principal, un auténtico milagro, pero casi siempre lo damos por supuesto y, por tanto, no lo valoramos en absoluto. El resto de cosas materiales e inmateriales (hijos, pareja, éxito, trabajo, dinero, salud, reconocimiento, justicia, respeto…) se sitúan en su lugar, es decir, por debajo del valor principal: LA VIDA.

-Dejas a un lado la queja porque sientes que no hay NADA de qué quejarse. Como decía el piloto de la Primera Guerra Mundial Eddie Rickenbacker tras haber sobrevivido a un duro naufragio: "La mayor lección que he aprendido gracias a esa experiencia es que si se tiene toda el agua fresca que quieres beber y toda la comida que quieres comer, jamás deberías quejarte de nada".

-Comienzas a agradecer TODO: que estás vivo, que tus órganos funcionan, que respiras, que el sol ha salido esta mañana, que puedes contemplar las estrellas, que tienes gente que te quiere, agua potable para beber, comida todos los días, un trabajo (aunque no te guste demasiado), un techo bajo el que cobijarte, una cama donde dormir…

-No solo sientes gratitud por todo, sino que también lo disfrutas intensamente. Cada cosa que posees, cada cosa que haces, cada nuevo día, cada momento que pasas con las personas que forman parte de tu vida,…, todo lo percibes como una hermosa oportunidad de disfrute.

-Deseas vivir despierto, consciente, inmerso en el momento presente, en el aquí y el ahora porque sabes que el pasado y el futuro solo existen en tu mente, el único momento real es el presente. Dejas de lamentarte por lo que ya ocurrió y de preocuparte por lo que quizá sucederá, ya que nada puedes hacer para cambiar el pasado y solo podrás ocuparte del futuro cuando llegue.

-Exprimes al máximo tu existencia, pero no persiguiendo compulsivamente “más” de todo: más experiencias, más amistades, más viajes, más dinero, un trabajo más interesante…, sino buscando calidad, intensidad y profundidad en cada momento, en cualquier momento. Esto supone vivir con la misma pasión saltar en paracaídas que permanecer durante horas en el sofá mirando el techo.

-Te planteas: “Si ahora mismo muriera, ¿lamentaría no haber sido más eficiente y productivo en mi trabajo, no haber trabajado más horas, no haber tenido una vida lo bastante interesante, no haber logrado suficiente reconocimiento, no haber ganado más dinero, no haber viajado más, no haber tenido más experiencias…? Sin duda, la respuesta es “NO”.

-Sientes haber vivido tantos años sepultado bajo montones de absurdas exigencias o “deberías” que te llenan de sufrimiento y te alejan de la felicidad. Exigencias hacia ti mismo (debería ser más eficiente, buena persona, excelente profesional, estar en forma, tener muchos amigos, hijos, pareja, dinero, demostrar que valgo mucho…), hacia los demás (la gente debería tratarme con consideración y respeto, porque yo los trato así) y hacia el mundo (la vida debería ser fácil).

Sería deseable que, sin necesidad de vivir un suceso grave, despertáramos y fuéramos capaces de apagar el interruptor mental de la queja y activar el del agradecimiento y disfrute. Ojalá no nos pase como al protagonista de “La muerte de Ivan Ilich” de Tolstoi,  el cual tras una vida repleta de éxitos profesionales y de haber cumplido con todo lo que la sociedad esperaba de él, dijo en el lecho de muerte sumido en un profundo vacío:  “¿Y si toda mi vida hubiera estado equivocado?”