Últimamente los funcionarios estamos revolucionados... con tanto recorte de salario y de personal, con tanta crisis, con tantas medidas por parte del gobierno.... total que nos pasamos el día quejándonos de nuestra situación en la vida y de cómo vamos a peor...
No podemos negar la realidad, pero con la queja no vamos a solucionar gran cosa, sino que lo que vamos a conseguir es alimentar un ambiente de trabajo rancio y terribilizador... aún en estas situaciones nos podemos esforzar para encontrar el disfrute en el trabajo, sabemos que si nos esforzamos lo podemos conseguir, eso es así!!!
Justamente os voy a poner un ejemplo mío en el que mucho disfrute no hay, je, je...
Hace ya unos meses que un cargo importante de otra división está criticando de diferentes modos el trabajo que yo realizo. A mí no me gusta nada recibir estas críticas, y es que una de mis exigencias más profundas que aún tengo que trabajar, es la exigencia del perfeccionismo... por tanto, entre nosotros, recibir críticas no es algo que lleve con alegría y disfrute… Han sido unas críticas bastante incisivas y diríamos en lenguaje llano, con mala leche... así que las he ido soportando en silencio conmigo misma pero… si os soy sincera… no las he digerido muy bien… je, je...
No tenemos que olvidar una cosa y es que no son las críticas de esa persona las que me hacían sentir mal, sino lo que yo pensaba sobre esas críticas. Al final ya no eran sólo las críticas hacia mi trabajo lo que no me gustaba de esa persona, pasé a generalizar en toda su persona!!! MAL hecho!, ya sabéis que podemos juzgar las actitudes de las personas pero no su globalidad… porque no tiene ninguna lógica!!
Ayer ocurrió algo que hizo que la bomba explotara... ante un problema de gestión ocurrido en un tema compartido se dirigió a mí en una reunión en un tono muy alto y muy despectivo, vulgarmente diríamos que me buscó, y zas!!, me encontró de lleno… Ante esos modales ya no pude más y exploté como una olla exprés y entonces las dos actuamos como dos gallos de pelea a ver quien se bufaba más, sin faltarnos al respeto pero sacando encima de la mesa todo lo que teníamos guardado de hacía meses... la conversación terminó cuando ella decidió irse toda ofendida y extremadamente disgustada por lo que yo le había dicho sobre su trabajo...
Cuando mi corazón se tranquilizó y me calmé empecé a analizar lo que había pasado y pensé: Mónica has caído como una campeona!!!. Tengas o no tengas razón te has dejado llevar por tu parte irracional… Me fui a casa un poco triste por el día que había tenido...
Una opción al llegar a casa era quejarme y quejarme de lo penoso que era mi trabajo y lo difícil que era poder disfrutar en él. Pero zas!!!, me acordé de mi maestro zen, que para mí por supuesto es Rafa y pensé: ¿Qué me diría Rafa de todo esto?, pues me diría que ya podía empezar a pedir disculpas a esa señora, aunque yo tuviera toda la razón del mundo mundial... que esa discusión no me había llevado más que a empeorar las cosas!!. Actuar cuando la emoción está descontrolada sólo nos lleva a liarla más. Hay que tranquilizarse y entonces veremos claramente cual es la mejor manera de actuar…
Pero claro... si yo tengo razón ¿cómo me voy a disculpar?, ¡¡¡quien se tiene que disculpar es ella!!!, faltaría más!!! Pero seguía saliendo mi maestro zen en mi cabecita... Mónica tú ya sabes lo que tienes que hacer... da igual que tengas o no tengas razón, deja el concepto de justicia, la justicia no es tan importante, no busques excusas... contestándole la has liado más... o ¿a caso has ganado algo con tu ataque de ira y con buscar justicia?
La respuesta es que mi ataque de ira se sumó al de la otra persona y tuvimos dos ataques de ira juntos que sumados al problema de gestión inicial que teníamos… dio un resultado de tres problemas en vez de uno, que era lo que teníamos al principio!!! con lo cual la solución a ese problema de gestión se hacía después de la conversación mucho, mucho más complicada... mi ira, mi desahogo, diciéndole lo que pensaba no sirvió sino para empeorar mucho más la situación... Es falsa la creencia de que al descargar la ira te quedas más a gusto, ¡¡no es verdad!!
Así que hecha esta reflexión ya no tenía excusas… y ya no me quedó más que dar la razón a mi querido maestro zen .
Así que esta mañana lo primero que he hecho ha sido un email de disculpas hacia esa persona, disculpas por mi comportamiento, disculpas por el contenido y por las formas... ella ha tardado mucho en responder, pensaba ya que no lo haría… sin embargo al final de esta mañana me ha entrado un email suyo, ¿sabéis lo que ponía? Pues que me daba las gracias por lo que le había escrito y que reconocía que a veces se ponía demasiado nerviosa y descargaba de malas maneras, pero que siempre había valorado mucho mi trabajo y nuestra relación profesional.
Alucinante ¿verdad?, el perdón es una gran herramienta que tenemos y que la utilizamos muy, muy poquito... anteponemos nuestro absurdo orgullo, el sentido de la justicia… y lo que conseguimos es liarla más…
Ante esta situación de crisis laboral, económica… hay que utilizar más esta herramienta que tenemos a nuestro alcance junto con la herramienta de la renuncia y de la aceptación… está bien defender nuestros derechos pero con moderación, intentar cambiar lo que podemos cambiar y aceptar lo que no podemos cambiar. Cuidado con la ira y con las exigencias a la vida, a nuestros políticos, al trabajo... porque no nos ayudaran a mejorar la situación. A veces nos centramos más en la queja y en cómo nos podemos quejar más y nos olvidamos de todo lo demás…
El reto que tenemos ahora es aprender a ser felices con estas situaciones laborales, económicas y sociales que nos ha tocado vivir, se logra fijándonos en lo que tenemos y no en lo que no tenemos y renunciando a la queja… eso es lo que hacen las personas emocionalmente fuertes… sin olvidar que somos súper afortunados con lo que tenemos!!!
Un beso a todos,
Mónica
