jueves, 21 de octubre de 2010
LA FELICIDAD SE APRENDE
Eso es algo que sabemos los psicólogos cognitivos porque nosotros enseñamos a hacerlo todos los días, pero siempre es bueno que una investigación amplia con muchísimas personas lo confirme. El próximo domingo, en la Cadena Cope, hablaré de ello en el programa magazine de la mañana sobre las 11,20h.
Tanto buscar el éxi to, tanto perseguir la fama, el dinero y el poder, y al final resulta que la felicidad está en otra parte. Según el más amplio estudio que ha investigado cómo evoluciona la felicidad a lo largo de la vida, quienes ayudan a otras personas suelen ser más felices que quienes buscan el éxito individual. Quienes encuentran el equilibrio entre trabajo, familia, amistades y ocio suelen ser más felices que que quienes anteponen su carrera a cualquier otra prioridad. Quienes cuidan su salud suelen ser más felices que quienes la pierden en los placeres de la mesa y del sofá. Y, en el caso de las mujeres, quienes conviven con un hombre que da prioridad a la familia suelen más felices que quienes viven con un hombre que da prioridad al trabajo. El estudio, presentado este mes en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU., desmiente la teoría de que la felicidad de una persona depende de su personalidad y por lo tanto apenas varía a lo largo de la vida.
"Nuestros resultados demuestran que la capacidad para ser más o menos felices no es algo que nos venga dado, sino que la construimos a lo largo de la vida con las decisiones que tomamos", ha declarado por correo electrónico Bruce Headey, investigador de la Universidad de Melbourne (Australia) y primer autor del estudio. Según Headay, no es que la personalidad no influya, pero no es lo único que influye. Ni lo más importante. El estudio se ha basado en la Encuesta Socioeconómica de Alemania, que desde 1984 ha planteado anualmente a decenas de miles de ciudadanos preguntas relacionadas con su situación personal y con su bienestar psicológico. Esta encuesta "proporciona la serie de datos más larga del mundo" para estudiar cómo evoluciona la felicidad, escriben los investigadores en Proceedings.
Para comprobar si la felicidad fluctúa a lo largo de la vida, los investigadores clasificaron a los encuestados según su nivel de satisfacción en el momento de responder a cada encuesta. Si la felicidad es estable, pensaron, los más felices en 1984 deberían seguir siendo los más felices en el 2008 (el último año analizado). Pero no fue esto lo que observaron. El 38% de los encuestados variaron su lugar en la clasificación en más de 25 puntos porcentuales en estos 25 años. Un 25% había cambiado más de 33,3 puntos. Y un 12% había cambiado más de 50 puntos. (Un punto porcentual se refiere a que se divide la muestra en cien niveles, cada uno de los cuales agrupa a un 1% de las personas encuestadas; una variación de 25 puntos significa que una persona que estaba, por ejemplo, en el nivel 50 en 1984 pasó a estar en el 2008 por debajo del nivel 25 o por encima del 75.)
miércoles, 20 de octubre de 2010
LOS APUNTES DE MÓNICA: ¡ACEPTAR LA REALIDAD!
En esta vida, todo tiene un principio y un final, las cosas materiales y nosotros mismos, nuestros familiares, nuestros amigos... estamos en una vida que es vida o muerte. Hoy estamos vivos y mañana podemos estar muertos, ¡es la vida!!
Albert Ellis en uno de sus libros nos habla de la espiritualidad de la terapia racional y dice que se basa en: - Autoaceptación incondicional de uno mismo. - Autoaceptación incondicional de los demás. - Autoaceptación incondicional de la vida. La autoaceptación incondicional de la vida se trata de intentar cambiar de nuestras vidas lo que se pueda cambiar y aceptar, aunque no nos guste, lo que no se pueda cambiar. Si conseguimos esta autoaceptación incondicional de la vida, tendremos una alta tolerancia a la frustración. Tenemos la creencia irracional de que en esta vida debe ocurrir lo que nosotros queremos que ocurra y no debería suceder lo que no nos gusta que ocurra. Este es un pensamiento muy infantil verdad?, pero lo tenemos arraigado y hay que convencerse de que la vida no funciona así. Hay que pensar que ningún infortunio que nos presenta la vida es completamente malo porque siempre puede ser más malo.
Nosotros nos decimos a nosotros mismos que algunos acontecimientos por ser tan malos no deberían existir. Pero la realidad es que existen, por tanto si no se pueden cambiar hay que aceptarlos. Según Albert Ellis lo difícil es saber diferenciar lo que se puede cambiar de lo que no… ¿qué razón tiene verdad?
A veces lo que nos ocurre es que para intentar estar mejor recurrimos al optimismo exagerado y nos intentamos creer cosas como “en esta vida todo me va a salir bien…, en esta vida todo me ocurre para bien…”. Este optimismo exagerado no es realista, porque en la vida seguro que a todos en algún momento nos van a pasar infortunios que no vamos a poder cambiar y que tendremos que acabar aceptando. Tenemos que promover por tanto el optimismo realista, el de los pies en el suelo, como dice Albert Ellis y pensar que “en el peor de los casos, podemos encontrar alguna manera de hacer cosas valiosas en nuestra vida por nosotros y por los demás, sólo necesitamos estar vivos para ser felices”.
Pruebas de esto tenemos muchas, una muy clara es el caso de Stephen Hawking… También hay que pensar que si por lo que sea tenemos que estar mal toda la vida (cosa muy improbable…, pensar así es exagerar…) tampoco sería tan grave porque la vida nos va a pasar muy rápido.
Para conseguir la autoaceptación incondicional de la vida otro punto importante es no negar la muerte. La muerte es algo natural, algo que tenemos seguro, por tanto es un acontecimiento que no podemos cambiar y no nos queda más que aceptarlo. La muerte hay que verla como algo natural y pensar que si fuéramos inmortales y tuviéramos que vivir eternamente con los achaques de la vejez sería una tortura. Además si que podemos ver como inoportuno que finalice nuestra vida o la de nuestros seres queridos, pero la suerte es que la muerte forma parte de la naturaleza y es un estado neutro igual que cuando nacemos, no hay dolor, no hay problemas, no hay preocupaciones… por tanto no debe ser algo tan horrible!!
Como no somos inmortales y podemos morir en cualquier momento, aceptemos lo que la vida nos presente e intentemos disfrutar al máximo. Como no podemos controlar nuestro destino no vale la pena preocuparse. Nosotros no somos tan importantes, no hay nada importante en esta vida, por lo tanto nos podemos relajar. En el momento que estamos preocupados o disgustados por algo es porque ya estamos dando excesiva importancia a ese acontecimiento que nos está pasando y lo que es más curioso a veces nos preocupamos por estar preocupados y aún la vamos liando más…, exageramos y exageramos… es un poco absurdo no?
El pensamiento racional que tenemos que tener es que la vida es muy corta, intentaremos estar bien, pero si no lo conseguimos tampoco hay que preocuparse porque la vida va a pasar muy rápido y no somos nada importantes. Hay que aceptar la realidad de que no tenemos control sobre nuestro destino, por tanto para qué angustiarse?, nos vamos a perturbar de manera innecesaria y tampoco vamos a conseguir cambiar la realidad. Nunca conseguiremos que nuestra vida sea 100% segura, algún día llegará nuestra muerte y se acabará.
Rafael en “La Escuela de la Felicidad”, nos explica todo esto con un ejemplo muy especial: “Los monjes tibetanos llevan a cabo un ejercicio simbólico que les sirve para recordarles la actitud que deben sostener en esta vida impermanente. Realizan complicados dibujos llamados mandalas compuestos por miles de granitos de arena formando un inmenso mosaico. Pueden estar componiéndolos durante semanas o meses. Una vez acabado, lo exponen durante unos días y después llevan a acabo la ceremonia de disolución del mandala. Cuando los monjes arrojan los granos de arena al viento, están expresando que los avatares de la vida no son tan importantes: los logros, el estatus, la condición física, incluso la salud… no tienen importancia como la mayor parte del tiempo pensamos. Podemos disfrutar de ellos, si así lo deseamos, como en un juego, pero es absurdo sufrir por ello”.
Un beso a todos,
Mónica
jueves, 14 de octubre de 2010
LOS APUNTES DE MÓNICA: ACEPTARSE A UNO MISMO, ACEPTAR A LOS DEMÁS
El otro día Rafael me decía en una sesión “no debes rechazar nunca a nadie, porque nunca vas a encontrar al amigo perfecto, ni al marido perfecto ni al compañero de trabajo perfecto. Entonces como nunca vamos a encontrar a nadie perfecto, si lo que buscamos es eso y vamos rechazando a la gente que no es perfecta, pronto nos quedaremos solos y además, si buscamos la perfección en los demás también la buscaremos en nosotros mismos y pronto querremos rechazar también alguna parte nuestra que no nos gusta, y eso es más difícil de hacer no?”
Intentar conseguir la perfección es una batalla perdida porque todos los seres humanos somos imperfectos y la vida también es imperfecta. Albert Ellis dice en sus libros que tenemos que buscar la autoaceptación incondicional de uno mismo y de los demás. Hay que cuestionar/juzgar las acciones que cometemos pero no por ello todo nuestro ser o el de los demás. Las acciones que podemos cometer a veces son inadecuadas o acertadas pero eso no nos convierte en malas o buenas personas porque entonces estamos juzgando todo nuestro ser.
La creencia racional a todo esto sería: soy un ser humano, un individuo único que está vivo y sólo por eso tengo gran capacidad para amar y como soy un ser humano soy imperfecto y me tengo que sentir orgulloso de ello. Cometer una equivocación no nos convierte en equivocación.
A veces nos decimos a nosotros mismos: “es que no puedo soportar a esa persona porque es horrorosa, horripilante, no la aguanto!!!”. Aquí no estamos juzgando sus acciones sino todo su ser y además no tiene una base lógica porque si no pudiéramos soportar a esa persona nos moriríamos cuando estuviéramos a su lado y eso nunca ocurre, por tanto pensar eso es ilógico, exagerado y no es real. La creencia racional es que las acciones de esa persona no nos gustan pero eso no hace de toda esa persona alguien horroroso.
En “La Escuela de la Felicidad” Rafa lo explica muy bien, nos dice que “Los seres humanos tenemos básicamente dos opciones: aceptarnos condicionalmente o incondicionalmente. Cuando sólo nos aceptamos condicionalmente estamos dispuestos a querernos sólo si cumplimos una serie de condiciones (si soy buena madre, si soy guapa, si soy buena en mi trabajo…). Esto es un error filosófico que puede producirnos infelicidad porque somos seres falibles y vivimos en un mundo imperfecto. Es prácticamente imposible que mantengamos una sólida estabilidad emocional basada en logros externos. Por otro lado aunque consigamos un buen nivel de éxito, estar siempre arriba nos va a dejar exhaustos, sin capacidad de disfrutar. Hay que renunciar a calificar a las personas por lo que hacen.”
Todos por el hecho de ser humanos y estar vivos, tenemos ya una gran capacidad para amar y por eso nos tenemos que aceptar incondicionalmente a nosotros mismos y a los demás. Un ejemplo de alguien que practica la autoaceptación incondicional a los demás es Jaume Sanllorente, en la entrevista que le hace Rafael en su libro dice que: “los enemigos no existen. Un enemigo es un amigo que tiene un problema”.
Jaume Sanllorente está amenazado por mafias de la India… Menudo grado de madurez eh?, a ver si nosotros lo logramos también algún día.
Un besote a todos!!
Mónica
LOS APUNTES DE MÓNICA: ENTREVISTA
Rafael Santandreu: “Hay que hacer menos el amor y hacerlo con más calidad”
El psicólogo cognitivista Rafael Santandreu trabaja desde la “trinchera” diaria que es su consulta, adonde acuden algunos de quienes sufren el “mal rollo cotidiano” de nuestro tiempo: la depresión y la ansiedad. Santandreu admite que la felicidad no es un bien fácil de conseguir porque supone “intentar ser racionales en un mundo irracional”. Con las palabras “necesititis” y “terribilitis”, define algunos de los principales males de nuestra sociedad. Pese a pintar este complicado panorama, Santandreu trae, sobre todo, buenas noticias: “la felicidad se puede aprender”, a cualquier edad y, en realidad, no cuesta tanto. En el libro de autoayuda Escuela de felicidad (RBA) recoge los consejos en este sentido de los que considera que son los diez mejores psicólogos del mundo.
-¿Estamos cada vez peor?
-Sí. Cuando empecé a estudiar psicología el porcentaje de neurotisismo, que es el mal rollo cotidiano, la depresión y la ansiedad, afectaban a una de cada diez personas. Ahora, veinte años después, afectan a una persona de cada cuatro.
-¿No será porque se diagnostica más?
-No, estamos peor.
-¿A qué se debe?
-Seguramente hay varios factores. Personalmente, creo que es un problema de filosofía vital y de valores. Los valores van cambiando entre generaciones: nuestros padres tenían unos y nuestros abuelos otros. Pero cuando estos cambios crean valores de más consumo, producen más enfermedades emocionales. La filosofía vital actual está impregnada de dos palabras que uso mucho: necesititis y terribilitis.
-¿Qué es la necesititis?
-Pensar “necesito esto y si no lo logro soy un desgraciado”.
-¿Puro materialismo?
-Incluye también las necesidades psicológicas, que son peores que las materiales. Un ejemplo sería la necesidad de tener éxito, de sacarse la carrera o de funcionar en la cama y pensar que si no se logra se es un desgraciado. Antes no había esto, sino que pensabas “me gustaría ser esto, pero si no lo logro me fastidio y ya está”.
-¿Cuál es el origen?
-Son ideas sociales que entran mucho por la tele, pero que la tele también recoge de nuestras tendencias sociales. Cuando yo era joven no se decían unas expresiones del inglés que ahora sí se usan mucho: “ganador” y “perdedor”. Cuando todavía no habían llegado aquí, yo pensaba “cómo se pasan, diferencian a la gente entre los que han ganado y los que han perdido”. ¡Pero qué diablos es ganar o perder en la vida! Y ahora los niños aquí también lo dicen.
-La palabra triunfar también está muy de moda.
-Eso penetra y te hace la vida más difícil. Te mete más presión, más estrés y más depresión.
-¿Y la terribilitis qué es?
-Es lo mismo pero visto de otra forma: “si me pasara esto sería terrible, si no logro aquello será insoportable”. En lugar de decir que una cosa es mala y ya está, ahora decimos que es una putada. El ejemplo más actual de terribilitis es el paro. Si ahora cogemos la prensa, entre líneas leemos que estar en paro es una putada. Desde luego que lo es, pero no es el fin del mundo.
-Una forma de necesititis y terribilitis también es la presión por ser feliz.
-Sí, totalmente. Hay que estar happy y feliz todo el tiempo. Tampoco es eso. Un poco de tristeza y de nervios son funciones normales del cuerpo y de la mente. Simplemente hay que aguantarse y ya pasará. Esta necesititis afecta más a la gente joven.
-¿Les bombardean con que tienen que aprovechar el momento?
-Les meten esta idea de que estar bien es estar en un estado nirvánico. Y eso no es lo normal.
-Es muy fácil culpar a la sociedad de nuestros problemas. ¿Hay razones para hacerlo?
-Es verdad que la sociedad ejerce un rol, pero a mí me gusta decir que tú eres el amo de tu cerebro. Influencias externas siempre habrá, pero si amueblas bien tu cerebro no te afectarán. Verás y podrás analizar esos mensajes, pero no te afectarán.
-Tu libro se titula Escuela de felicidad. ¿Se puede aprender a ser feliz?
-Sí, y tanto. Si tienes una buena filosofía de vida, eres más fuerte a nivel emocional y es más fácil ser feliz. En realidad, no hay una mala filosofía de vida, sino una no-filosofía como la de Gran Hermano, que mezcla éxito y no-se-qué y que es lo que recibe ahora la gente. Si no tienes amueblada la cabeza, eres muy vulnerable a nivel emocional porque tu autoestima sube o baja según valores estúpidos y poco fuertes. Entonces la felicidad es muy difícil.
-¿Cómo se aprende la felicidad?
-Te tienes que educar. Y si no tienes una familia, una escuela o lo que sea que te haya educado con valores potentes, tienes que hacerlo tú mismo. Leyendo libros de filosofía, yendo a un psicoterapeuta o juntándote con gente que tenga una buena filosofía de vida y absorbiendo sus valores y forma de vivir. Tienes que hacer más caso a las personas bien amuebladas, serenas y felices. Este esfuerzo se tiene que hacer de manera contundente, implicando la vida en ello y en esos valores.
-¿Esto se logra usando la cabeza o el corazón?
- Todo entra por la mente, es el filtro de todo, así que desde mi punto de vista es lo mismo. Si razonas y estás convencido de las cosas, acaba afectando a las emociones. Tu visión filosófica del mundo determina tus emociones y hace que te tomes las cosas de una manera u otra. Por lo tanto, tu mundo emocional cambia si cambias tu forma de verlo.
-Pero en la vida real sí dudamos entre seguir impulsos o hacer lo más sensato.
-No es un mensaje new age pero, por descontado, creo que tienes que hacer lo más sensato. No hay división entre hacer caso al cuerpo o a la mente, son una misma cosa. Tienes dos voces dentro de la mente y tienes que ponerlas en orden. Pero uno de los grandes principios de la psicología cognitiva es que en la vida no tienes que tener miedo a nada. Es algo de lógica pura: todos moriremos, lo peor ya lo tenemos garantizado.
-Para pensar así hace falta mucha seguridad en uno mismo.
-Filosófica. Si ves la realidad, seriamente, tal como es, no tienes miedo a nada. Hay que ser lógico y que las emociones te acompañen.
-¿Pero el miedo no sirve para protegernos?
- Es normal tener miedo a los tigres o al fuego, pero en el mundo occidental normalmente no tienes cerca tigres ni fuego y no tienes porqué tener miedo. Esto no quiere decir que no tomemos precauciones en la vida. Claro que hay que tomarlas, pero sin miedo.
-¿La personalidad de una persona también se puede cambiar en la vida adulta?
-Sí, los psicólogos lo sabemos perfectamente. Se puede hacer a cualquier edad. El paciente más grande que he tenido tenía 76 años, hizo la terapia y se transformó en una persona diferente. Ahora está encantado de la vida. Si haces el esfuerzo radical de cambiar tus valores y tu manera de ver el mundo, cambian las emociones.
-Es fácil decirlo. ¿Con qué tres cosas prácticas y sencillas se puede empezar?
-Una cosa sería intentar erradicar miedos dándose cuenta y reflexionando que en realidad no hay nada terrible. Hay que convencerse de esto. Si se hace bien, se siente que las emociones te acompañan.
-¿Otra propuesta?
-Intentar disfrutar de la belleza de la vida, detenerse un rato cada día, hacer un paseo de diez minutos y disfrutar de los árboles, de las caras de la gente bonita y joven. Simplemente, disfrutar.
-¿Y la tercera?
-Intentar disfrutar de lo que te toca hacer. Hay miles de cosas de las que disfrutar en el trabajo, pero si las ves solamente como una obligación no las disfrutarás y perderás todas las oportunidades.
-¿Cuál es la principal causa que hace a la gente infeliz?
-Hay muchas respuestas, pero una sería que están siempre pensando más en lo que no tienen que en lo que tienen. Esta es quizá la causa número uno de infelicidad.
-¡Pero hay que ser un rebelde para no dejarse llevar por la necesititis y la terribilitis!
-Sí. De hecho, hay que intentar ser racionales en un mundo bastante irracional.
-¿Este mundo irracional se convertirá algún día en racional?
-Es posible que no y acabemos con el planeta. Mala suerte.
-De los psicólogos con los que has hablado para el libro ¿Cuál te ha impresionado más?
-Uno de los principales es Giorgio Nardone. Estudié con él y es muy bueno. Carlos Honoré , que no es psicólogo sino más bien filósofo, defiende algo que parece muy sencillo pero que es muy importante. El movimiento slow consiste en hacer menos cosas, más pausadamente y con más calidad. Es como ralentizar tu vida y disfrutar de lo que haces. Trabajar menos y disfrutarlo más.
-¿A qué otros ámbitos se puede aplicar?
- Hay que volver a darle importancia a la comida. No se puede comer cualquier cosa, comer es lo más importante que hacemos. O hacer el amor: menos hacer el amor y con más calidad.
-¿Y lo de “anoche eché tantos seguidos”?
-¡Eso es una tontería!
domingo, 10 de octubre de 2010
ESTAR BIEN EN BARCELONA
Yo tengo mi consulta en Barcelona, cerca de la calle Enrique Granados, una de las zonas más hermosas del Eixample. Cuando, por las mañanas, llegó allí con mi bicicleta y contemplo los enormes árboles plataneros que adornan las calles, me lleno de alegría. Me gusta mi ciudad.
Pero no siempre ha sido así. Recuerdo una época, hace muchos años, que me quejaba de vivir en Barcelona. Acababa de volver de cursar estudios en una universidad británica, en el precioso campus de la universidad de Reading. Allí vivía en una residencia universitaria que era una antigua mansión, rodeada de campos verdes y lagos. Todo estaba limpio y casi no pasaban coches por la calle. Era un auténtico paraíso tranquilo y hermoso que además gozaba de la animación de las fiestas universitarias y demás movidas estudiantiles.
A mi regreso a Barcelona, veía las calles de mi ciudad sucias, ruidosas, llenas de cacas de perro y me ponía de mal humor. Recuerdo que solía declararlo en las conversaciones entre amigos: “¡No me gusta nada Barcelona! ¡Es un asco! Debería irme a vivir a un lugar civilizado como Inglaterra!” Así estuve muchos años hasta que decidí cambiar el chip. Ahora puedo decir que adoro mi ciudad. Es verdad que tiene sus defectos, pero también tiene cosas maravillosas: el tiempo es simplemente fantástico, su arquitectura es muy bella, tenemos el mar aquí mismo, las montañas muy cerca...
Desde hace un tiempo, he decidido prepararme para estar bien en cualquier lugar del mundo. Me imagino en Alaska y pienso que, de vivir allí, aprovecharía cada una de las cosas buenas del lugar. Por supuesto, aprendería a esquiar bien, quizás cazaría en las montañas, pescaría en sus ríos.. Si habitase en China, investigaría sobre las oportunidades que se dan allí y me centraría en ellas. Donde sea, en cualquier sitio, hay una magia propia del lugar, una poesía autóctona que podemos apreciar. Como siempre, para sentirnos bien, ¡tenemos que fijarnos en lo que poseemos y no en lo que nos falta! Así, podremos estar bien allá donde nos encontremos.