Es muy curioso como este punto tan importante se nos olvida muchas, muchas veces y ya estamos dando la culpa de nuestro malestar a aquel acontecimiento que nos ha pasado, a aquella persona que nos pone de los nervios, a aquel amor del pasado, a aquella amiga de confianza, a aquel familiar... y a tantas cosas más, sin analizar que somos nosotros solitos los que nos provocamos el malestar, porque nuestro malestar se debe a lo que pensamos sobre lo que nos ha ocurrido.
Sin ir más lejos, os pongo un ejemplo que me ha pasado esta semana. Recibí una mala contestación de una persona conocida, esa mala contestación me provocó (ya lo estoy diciendo mal, porque me lo provoqué yo solita) que me indignara muchísimo, “¿cómo se atreve?”, “es intolerable responder de esa manera!!!!”, “no lo voy a consentir nunca más”, “menuda impresentable”, ¿pero qué se ha creído?... y miles de frasecitas más, no muy amistosas hacia esa persona... Mi diálogo interno era la bomba en ese momento, total que me entró una rabia que no veáis... dicen que la rabia es la emoción más insana y la más inadaptada de todas las emociones porque puede matar, hace que los vasos sanguíneos se hagan un poquito más pequeños, así que si tienes muchos ataques de rabia y algún problema circulatorio... pues cuidado porque esta emoción no nos va a beneficiar en nada.
Mi ataque de irracionalidad duró un ratito, pero luego empecé a reflexionar, vamos a ver que descubrí del asunto por si os puede ayudar en algún momento:
- Primer descubrimiento: No fue esa persona que me contestó mal la que provocó en mí una rabia desmesurada, no amigos, fui yo. Lo que yo pensé sobre lo que me había dicho esa persona es lo que me provocó la emoción de la rabia. Es decir, mi diálogo interno terribilizador sobre el comentario que me había dicho esa persona es lo que me generó una emoción exagerada que en este caso era RABIAAAA.
-Segundo descubrimiento: Esa persona por decir un comentario desafortunado, no es lo peor del Universo, fue una acción de esa persona que a mí no me gustó, pero eso no la convierte a ella en una persona 100% mala. Además el verbo SER no existe, sí amigos, no existe, lo empleamos muy mal, todo está en constante cambio, por tanto cuidado con utilizar en abundancia el verbo SER.
- Tercer descubrimiento: ¿Dónde está escrito que esa persona me tenga que tratar bien, con respeto?. Me gustaría que me tratara bien todo el mundo, pero cuidado, no nos engañemos, eso no va a ocurrir siempre y es lo que hay. La vida como las personas somos imperfectas.
- Cuarto descubrimiento: No todos los que escucharon lo que me dijo reaccionaron como yo, con un ataque de rabia, no, algunos ni se inmutaron... ¿Qué quiere decir esto?, pues que ante un mismo acontecimiento su diálogo interno no era igual que el mío, puesto que ellos no sintieron rabia.
- Quinto descubrimiento: ¿De qué me sirve tener rabia?, ¿me sirve para que esa persona actúe educadamente?. Pues la respuesta es que no, mi rabia me sirvió a mí para llevarme un mal rato, ya está, no cambié nada del acontecimiento que me había pasado, no sirvió para cambiar la conducta de esa persona. Es más, porque no manifesté mi emoción de rabia con ninguna conducta hacia esa persona porque si hubiera sido así, no sólo no hubiera arreglado nada sino que hubiera empeorado todo. Sí señores, y es lo que pasa cuando en muchas discusiones se llegan a las manos, en las peleas colectivas... en las guerras... sí, sí, la ira y la rabia no nos llevan a nada bueno. Alguno me puede decir, sí pero si yo le digo algo, me hubiera quedado más a gusto... no es verdad, las cosas se empeoran, y el objetivo no es llevar la razón si no estar bien emocionalmente.
- Sexto descubrimiento: En mis manos estaba dejar de sentir la rabia.
Con todos los argumentos anteriores mi diálogo interno cambió y pasó de: “Es una impresentable”, a “Ha actuado de manera errónea, la vida y las personas somos imperfectas y es lo que hay... coge lo bueno de la gente y no te fijes en lo malo, y si no te interesa esa persona, pues no pasa nada, porque no necesitamos a nadie”. Inmediatamente las emociones me acompañaron, mi rabia pasó a enfado y luego hasta desapareció el enfado, el acontecimiento dejó de tener importancia para mí.
Nos olvidamos muchas, muchas veces que son nuestros pensamientos sobre lo que nos ha pasado o sobre lo que nos está pasando los responsables de nuestras emociones. Tenemos que admitir nuestra responsabilidad en el asunto. Nuestros pensamientos son los responsables de nuestras emociones, si aprendemos a pensar racionalmente (autoaceptación incondicional de uno mismo, de la vida y de los demás) ni la rabia ni la ira aparecerán, nos pase lo que nos pase. Pero ya veis, a veces aún sabiendo la teoría seguimos terribilizando en algunas ocasiones, somos humanos y nos equivocamos!!!, es lo que hay... sino no seríamos humanos!!
Un beso a todos,
Mónica