miércoles, 26 de septiembre de 2012

ÁNIMO AL EQUIPO (BUENO) DE LA NATACIÓN SINCRONIZADA

En España se está produciendo en estos momentos una polémica con el equipo nacional de la natación sincronizada que ha ganado muchas medallas en los últimos años. El problema es que valientes chicas que formaron parte de ese equipo han denunciado en una carta el trato vejatorio que les daba la seleccionadora Anna Tarrés: las insultaba, las maltrataba, etc. todo por conseguir las dichosas medallitas del demonio.


Quiero darles todo mi apoyo desde aquí porque están haciendo algo muy importante para la sociedad en general: decir bien alto que no todo vale, lo bello del deporte no es eso que hacía la Tarrés, sus métodos convierten al deporte en algo degradante y feo.
Gemma Mengual, la capitana del equipo y ahora entrenadora también del equipo, defiende a la seleccionadora Anna Tarrés diciendo: “Eso ya lo sabíamos todos; lo aceptábamos porque para ganar hay que llegar a ese nivel”.
Ostras, Gemma, yo si fuera un padre de una niña que entrena contigo, la sacaba corriendo de tus garras.


Eso no es lo que la mayor parte de las personas queremos, no es eso lo que buscamos cuando vamos a ver a deportistas en las canchas y las piscinas del mundo: ésa no es mi manera de entender el deporte.


Si la única forma de conseguir medallas es ésa (cosa que no creo), que le den a esas medallas. El cariño y la bondad es la única medalla que realmente importa.

martes, 25 de septiembre de 2012

LA NECESIDAD DE PAREJA, REVISITED

Hola, amigos:


Hoy quiero publicar aquí una carta que me ha enviado Marc a mi facebook en la que me hace una consulta sobre la necesidad de tener pareja, ya sabéis, la neura más extendida en nuestros días. Le he pedido poder responderla por aquí para que nos sirva a todos y ha accedido. Ahí va:
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Hola Rafael,


He comprado tu libro porque desde muy pequeño he mal acostumbrado mis pensamientos y por consiguiente los sentimientos y emociones. Con 20 años mi malestar ha llegado a un punto en el que he decidido decir basta y hacer frente. Todo lo que dices en tu libro esta lleno de lógica y a mi entender es muy cierto y eficaz. He identificado mi fuente de malestar, es la necesidad de tener novia, que con 20 años aun no tengo, y me terribiliza ver que muchos de mis amigos ya tienen. En efecto es una de las cosas q mas me preocupan. No entiendo porque quitas importancia a esto, pues el ser humano ha sido hecho para amar y conprartir. No puede vivir solo. Tengo miedo de quitarme esa necesidad y dejar de preocuparme, porque creo q eso puede hacer que no tenga novia y me despreocupe de eso, cuando a mi lo que mas me gustaria es casarme y formar una familia. En mi opinion, deduzco de tu libro que no estas casado, pues si lo estuvieras, creo que verías a tu mujer y tu familia como algo necesario en tu vida. Pero igual esta opinion no es mas que el resultado de mi neura... jaja


Ojala me lo aclararas porq es lo unico que no me cuadra y quiero recomendar el libro a varias personas que les puede ir muy bien!


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Pues la respuesta es que no estoy casado y ¡ni siquiera tengo pareja en estos momentos! Pero eso no influye en mi manera de pensar sobre el tema. Por supuesto que la pareja es un ámbito maravilloso de la vida, pero te aseguro -y lo puedo demostrar- que no es básico. Vamos a ver las razones porque defiendo esto:


- Mucha gente es feliz sin pareja: yo mismo ( y no somos extraterrestres).


- Mucha gente es infeliz en pareja (aprox. el 50%).


- La filosofía de "necesitar pareja" es disfuncional: te hace sufrir en balde y no te ayuda a encontrar pareja.


- La filosofía de "necesitar pareja" hace que, cuando finalmente la encuentres, no vaya bien porque se tenderás a construir una relación dependiente y aburrida a largo plazo.


Pero amigo Marc tú puedes cambiar el chip con esfuerzo y perseverancia. Pon atención a todas aquellos otros ámbitos de la vida que también dan satisfacciones y crece en ellos. Por cierto, dejar de "necesitar" algo no hace que no trabajes en pos de ello: al revés, la diversión y la ausencia de tensiones, te facilita el trabajo.


Abrazo!!!


Rafael

lunes, 24 de septiembre de 2012

REFLEXIONES DE MÓNICA: LAS TEMIDAS 7:30

Hola a todos, hoy quería compartir con vosotros un tema que me ha preocupado mucho estas últimas semanas, y me ha preocupado mucho de manera muy absurda como veréis a continuación. Ahora la verdad que me resulta hasta cómico!

El hecho es que yo llego tarde a todos los sitios, sí, así es. Cuando Rafael lea este post alucinará porque creo que una de las pocas veces que he sido súper puntual era cuando hacía terapia con él. Ah!, en las tertulias también soy puntual!!

Mis amigos, familiares.... ya saben que yo soy súper impuntual  y demuestran tener mucha paciencia conmigo... hasta el punto que ya cuentan con mi impuntualidad a la hora de fijar las citas y si quieren quedar a las 11:00 pues a mí me dicen de quedar a las 10:30... je, je... menuda paciencia... Familiares y amigos me aceptan así, con mi impuntualidad. Pero hace un par de semanas en el trabajo cambiaron el horario con las instrucciones también, de que se iban a poner muy estrictos con el tema del horario y, que minuto que se llegara tarde lo iban a descontar de la nómina. Hasta ese momento habían sido flexibles y nunca se habían metido con la puntualidad si al final hacías las horas establecidas.

La verdad es que no soy impuntual a conciencia, no sé, responde a una mala organización del tiempo, pero ni mucho menos yo quiero ser impuntual. El hecho es que con mi nuevo horario la entrada es a las 7:30 de la mañana, ni un minuto más ni un minuto menos.

Pues bien, no veáis el estrés que he llevado estas dos semanas con la historia del horario. A mí misma me ponía la exigencia brutal de que o sí o sí a las 7:30 tenía que entrar y como lo veía tan difícil pues aún me metía más presión. Es una combinación del "tengo que", en este caso "tengo que entrar a las 7:30" y el "no voy a poder, es imposible". La suma del "tengo que" + "no voy a poder"= ANSIEDAD. Lo que ocurre cuando tenemos emociones exageradas ante un acontecimiento es que nos bloqueamos y entonces, no podemos pensar con claridad y mucho menos de manera racional. El hecho es que durante esas dos semanas hasta incluso he dormido mal!!!, me iba a la cama con la presión de que me tenía que levantar pronto y espabilar en dormirme porque era intolerable llegar tarde... Resultado: No me podía quedar dormida!!!, y me dormía a las tantas..., eso sí, he llegado todos los días a las 7:30... hecha polvo pero a las 7:30.

Cuando tienes ansiedad no ves las cosas con claridad, lo mejor es dejar que se pase y nosotros seguir con nuestro trabajo, con nuestros deberes racionales: Lecturas, reflexiones... así cuando la ansiedad baja somos capaces de cuestionar nuestras irracionalidades y machacar nuestras exigencias.

En mi caso todo se rebajó cuando hice la siguiente reflexión profunda: En el fondo no es tan importante entrar a las 7:30, ser impuntual no es tan grave, lo peor que podría pasar es que me llamaran la atención en mi trabajo, me rebajaran el sueldo por mi impuntualidad o bien me echaran. Pues bien, ninguna de esas circunstancias es tan grave. Ya sé que me podéis discutir lo siguiente: Tal y como está el trabajo hoy en día no se está para hacer el tonto... sí, tenéis razón, pero elevar el llegar a las 7:30 como si fuera una cuestión de vida o muerte es muy irracional. Además elevando a este súper grado de importancia esta circunstancia lo que consigo es boicotear mi objetivo de llegar puntual (ponerme nerviosa, dormir mal...). Si nos metemos presión lo que conseguiremos es tener ansiedad que además de ser incómoda no nos va a ayudar.

Es bueno intentar llegar puntual, claro que sí, pero si no se consigue no pasa nada, no se va a acabar el universo, ni mucho menos!!! Fue hacer esta reflexión y me liberé de toda presión, las cosas se intentan y si no se consiguen pues tranquilidad!!!!, no somos perfectos y con nuestras imperfecciones nos tenemos que aceptar, claro que sí!!!

Paralelamente a esto trabajé las cosas buenas que tiene entrar a las 7:30, en un principio no veía nada bueno, pero me esforcé un poquito y lo acabé viendo: Si entro pronto puedo salir antes, puedo ver el despertar de la ciudad que es  muy bonito, circular en Barcelona con la moto a esas horas es súper tranquilo, veo la ciudad desde otra perspectiva... Con esto quiero decir que si nos esforzamos somos capaces de ver las cosas buenas de los acontecimientos que se nos presentan, o como mínimo, mantenernos neutros sin emociones exageradas.

Venga, a esforzarnos en ver la parte positiva y en quitar importancia a las cosas que nos suceden. Hay que esforzarse un poquito y, así todos los acontecimientos los podremos girar. En mi caso se trata de intentar entrar a las 7:30 pero con alegría!! y si no, pues entrar a las 7:45 pero también con alegría!!!

Un beso a todos,

Mónica

domingo, 16 de septiembre de 2012

SIMPLIFICAR ES POTENCIAR

Hoy hace un precioso día de septiembre, aquí en Barcelona. Ni frío ni calor. Una deliciosa luminosidad mediterránea se desparrama sobre los árboles. Las caras alegres de la gente reflejan relajación y ganas de pasarlo bien.


Y, como el día sugiere, podemos hablar hoy de la sencillez bajo la premisa de que “simplificar es potenciar”. Esta frase de términos aparentemente contradictorio encierra un buen consejo.


A veces, las personas nos atribulamos pensando: “Joder, debería hacer esto o lo otro”, en nuestra persecución de la felicidad y esta carrera descabezada produce más ansiedad que otra cosa. Por ejemplo, “tengo que mejorar mi productividad en el trabajo”, “tengo que encontrar novia”…


A esas fases les podríamos llamar de “des-centramiento”. Cuando adquirimos la mente del mono loco, tenemos que volver a centrarnos, a situarnos en un mejor eje, porque en el que estamos terminará por descoyuntarnos.


Para volver a centrarse, aconsejo focalizar la atención en poco, reducir las intenciones y esfuerzos durante un tiempo (horas o días sólo). Por ejemplo, centrarse en llevar a cabo deporte y mejorar la forma física,  en leer y aprender sobre un tema de nuestro interés, o ampliar nuestra colección de música…


Pon tu atención en esto, recréate en ello, ponte en ello dulcemente… En el caso de hacer deporte, hazte un pequeño nuevo plan deportivo, empieza con él, proyecta una mejora y céntrate en ello, pon tu imaginación ahí y simplifica.


Imagina que estás en un stage deportivo en el campo donde se deja todo lo demás al margen y los atletas viven y duermen para esa sola causa. Amablemente, con cariño y esfuerzo positivo, se levantan por la mañana, comen lo más saludablemente posible, salen a correr, hacen un par de sesiones diarias, duermen una buena siesta reparadora, se hacen masajes y estiramientos y dedican el poco tiempo libre a una actividad que favorezca su objetivo de ponerse en forma: leer, pasear, estudiar algo que les distraiga para ponerse fuerte de nuevo al día siguiente.


Reducir la atención de nuestros objetivos, simplificar calma, refuerza y centra. Este atleta imaginario ya no piensa en el sexo, el dinero o qué se yo: se centra en el deporte y disfruta de esa dulce concentración.


Si te hayas en un momento así, diseña tu propio stage. Más adelante recuperarás las fuerzas y las ganas de dirigirte hacia otras aventuras más complejas. Cuídate: los más fuertes así lo hacen


Abrazo!!


Rafael

jueves, 13 de septiembre de 2012

NICOLA, EL FICHAJE DEL AÑO

Hace muchos años, tuve la oportunidad de pasar un año en Inglaterra como estudiante Erasmus (fui el segundo año de existencia del programa; nadie sabía bien en qué consistía, ni los profesores).


Fue un año maravilloso en la Universidad de Reading, a una hora de Londres. Imaginaos: grandes parques, lagos y residencias universitarias antiguas en un campus paradisiaco todo lleno de estudiantes de todos los continentes.
En mi residencia, St Andrews Hall, enseguida formamos un grupo de amigos fantástico: Tomoe (japonesa), Oscar (español), Luigi (Italiano), Miki (Finladés), etc. Uno de esos grupos de personas inteligentes, cariñosas, divertidas que convierten la vida en algo apasionante. De hecho, vivíamos juntos porque cada uno tenía su habitación, pero todo lo demás lo hacíamos juntos en las instalaciones de la residencia: el pub, la biblioteca, el comedor... Además, no parábamos de viajar por Inglaterra y Europa a la más mínima oportunidad.


Pero, a medio curso, apareció un chico nuevo en St. Andrews: era Nicola, un francés grandote y bien parecido, con un montón de cajas encima. Resulta que su novia, con la que había acudido a estudiar, le había abandonado por otro. En las cajas, llevaba todo los enseres de su vida en común en una casa en el campus.


Conocimos sólo de refilón a Nicola porque se pasaba las horas en su habitación, fumando y escuchando música... Estaba deprimido. Hasta que un día, me tropecé con él por unas escaleras y le dije:


- Oye, amigo; te quiero ver en las comidas con nosotros todos los días. ¡Queremos conocerte!


Y el bueno de Nicola me hizo caso. Apareció y enseguida se integró. Al poco tiempo, había superado el trauma y estaba disfrutando de nuestro año en Inglaterra como el que más. Muchas veces, a lo largo de los años (han pasado 20 desde entonces), me recuerda Nicola lo agradecido que está de aquel encuentro nuestro.


¿Por qué cuento esta historia aquí?


Para ilustrar que lo que las personas queremos de otras personas es... "ellos", a secas... con sus fallos, sus problemas, sus incapacidades... Nicola no estaba bien cuando se unió a nuestro grupo, pero el grupo no tenía ningún problema con ello: es más, éramos nosotros los que íbamos a sacarle de sus neuras. Nos sobraban fuerzas para ello y para nosotros era algo hermoso. Ayudar a Nicola a levantar el ánimo nos resultaba una empresa maravillosa que nos unía todavía más. ¡Que acentuaba nuestros valores de amor mútuo constante y apoyo!


Ya digo, en poco tiempo, Nicola se recuperó y se mostró como un componente esencial de nuestro grupo: inteligente, gran deportista, un viajero experimentado, un fiestero estupendo... ¡Hicimos fácilmente el milagro! ¡Y nuestro grupo ganó a su vez en fortaleza y ganas de vivir! ¡Demostramos que juntos éramos los méjores médicos y sanadores del planeta!


Y es que la fortaleza del ser humano está en su capacidad de amar, de colaborar, de producirse felicidad mediante la alegría de compartir: no en el hecho de ser "guapos", "listos", "capaces", etc., etc. Esas cualidades son minucias en comparación con la gran arma de construcción masiva que es la aceptación incondicional.


Además, todas esas cualidades. la belleza, la inteligencia, cuando aparecen de verdad, cuando se aprecian bien, es cuando se basan en el amor por los demás y por la vida. Son producto de ello.


Últimamente, he tenido varios pacientes que no tienen claro este concepto y les surge la hiper-exigencia personal de ser guapos, listos, capaces... Y hemos debatido acerca de ello y les he contado la historia de Nicola, el deprimido que se convirtió en uno de mis mejores amigos.


Si cambiamos el chip, si dirigimos nuestro timón hacia los valores plenamente humanos: la amistad, el amor, la solidaridad, compartir... nos sacaremos de un plumazo toda una familia de neuras relacionadas con la competitividad que sólo hacen que atormentarnos.


Busquemos esos valores, cultivémoslos a partir de ahora, hagámoslos fundamento de nuestra personalidad: y empezaremos a sanar dúlcemente. Empezaremos a vivir de forma plena de verdad.


Abrazo bien amistoso a todos!!!
Rafael