Esta semana tuve una conversación muy interesante con compañeras de mi trabajo, todas mamis trabajadoras. Se me ocurrió preguntar a mis compañeras si recordaban algo que les gustara mucho hacer y que desde que eran madres habían dejado de hacer. Pues bien, surgieron un montón de cosas: que si escuchar música, cantar, viajar, hacer deporte, ir al cine, salir con un grupo de amigos, estar en contacto con la naturaleza, con los animales.... es decir, por una imposición que nos marcamos nosotras, no sé muy bien por qué, resulta que a veces acabamos dejando de hacer cosas que nos apasionan. Pensamos que nuestros hijos nos necesitan exclusivamente para ellos. Con esta creencia irracional a nuestros hijos les hacemos más débiles y encima nosotras nos fastidiamos…
Cuando das el paso de ser madre, te invade una ilusión genial y lo vives todo con mucha intensidad y con mucho amor, desde luego es una experiencia que recomiendo. Pero luego nacen los niños y te encuentras que no todo es tan fácil, es difícil sacar tiempo para todo, pero sin ser muy consciente, a veces casi por inercia, lo que dejas de hacer son cosas que te llenaban de verdad y, cambias el leer por la plancha o el deporte por la escoba...
Es decir las horas del día que le dedicas a tu trabajo, más las horas que le dedicas a tus hijos y familia en general, son las horas que tiene un día completo y entonces resulta que de todo el día ¿cuánto tiempo le has dedicado a hacer cosas realmente motivadoras para ti?
No quiero ser feminista, porque no me gusta hacer diferencias en ningún aspecto, sé que este fenómeno de dejar de hacer cosas que nos gustan de verdad se da tanto en padres como en madres, pero si que ocurre y no sé muy bien por qué, que además de renunciar generalmente a bastantes cosas, las mujeres nos solemos imponer esas tareas del trabajo en casa y con los niños como obligaciones.
Tenemos ahí arraigado en lo más profundo de nuestro corazón la creencia irracional de que si nuestra casa no marcha, seremos malas madres. Añadimos a todas esas tareas una carga que a veces nos ahoga, nos exigimos ser buenas madres, nos metemos presión. Entonces cuando nos invade esta creencia es cuando empezamos a dejar de disfrutar de las cosas diarias. En el momento que vemos esas tareas como obligaciones ya la estamos fastidiando.
“Nos gustaría ser buenas madres, buenas en el trabajo y nos gustaría tener nuestra casa bien”, pero no “debería ser una buena madre, debería ser buena en el trabajo y debería tener la casa bien”.
Si sumamos a todas estas obligaciones que nos inventamos el que vamos dejando de hacer cosas que nos gustan, podemos perder un poco la perspectiva y llegar a sentirnos atrapadas por nuestro día a día. Incluso a veces podemos hasta olvidar aquello que nos apasionaba!!
Por tanto importante primero, empezar a dejar de ver las tareas de casa y de los niños como obligaciones, fuera la presión y las exigencias!!. Si no somos las mejores madres no va a pasar nada, seguiremos siendo personas maravillosas por nuestra capacidad de amar. Y segunda cosa importante, no dejar de hacer aquello que nos motiva de verdad, intentar buscar un poquito de tiempo para aquellas cosas que nos apasionan. A veces encontrar una hora a la semana no es tan difícil, sólo hay que proponérselo.
Animo a todas las mamis y papis para que además de dar mucho amor a sus hijos, se dediquen un tiempo a la semana para ellas/ellos y sus ilusiones. La vida es muy corta, vamos a aprovecharla!!.
Un beso a todos,
Mónica