jueves, 19 de octubre de 2017

REFLEXIONES DE PILAR G. VADO: LA SOLEDAD: LA SEMILLA PARA LA PAZ INTERIOR


En nuestro día a día necesitamos a los demás para un sinfín cosas: para que fabriquen los teléfonos que utilizamos, para que nos lleven en avión, para que nos intervengan quirúrgicamente, para que nos faciliten los alimentos que comemos, para que construyan las casas en las que vivimos, etc., etc. En cambio, para alcanzar el bienestar emocional, no solo no necesitamos a nadie, sino que la soledad se hace imprescindible.

Con esto me refiero a que únicamente cada uno de nosotros en un estado de recogimiento y soledad puede despertar su amor por la vida, comprometerse a vivirla con pasión, implicarse en el momento presente, apreciar la existencia, no quejarse de nimiedades, disfrutar intensamente de las pequeñas cosas y ser consciente de que en su interior ya tiene todo para ser feliz.  ¿Cómo podría alguien hacer todo esto por nosotros?

No hay por qué tenerle miedo a la soledad, sino todo lo contrario, abrazarla nos permitirá además de descansar el cuerpo y la mente, desarrollar nuestra creatividad. Pero lo más importante es que si le damos la bienvenida aflorará en nosotros el estado natural del ser humano, que no es otro que el de tranquilidad, serenidad y armonía.

Paradójicamente, en ese estado de sosiego el sentimiento de soledad desaparece. Esposible que de manera puntual echemos de menos a alguien en concreto, pero no nos deprimiremos porque esa persona no esté a nuestro lado, ya que sabemos que la plenitud procede de nuestro interior y que, por tanto, no nos la podrá proporcionar ni la mejor de las compañías. Esto no significa que despreciemos lo que los demás pueden ofrecernos: afecto, apoyo, complicidad, colaboración, amistad…, sino simplemente que no lo necesitamos para ser felices.

Si, por el contrario, percibimos la soledad como algo terrible de lo que es preciso escapar, perseguiremos desesperadamente la compañía de otros para mitigar nuestra sensación de soledad y vacío, sin embargo, esto no solo no nos aportará la plenitud que buscamos, sino que nos alejará de ella, porque cada vez estaremos más ansiosos, insatisfechos, vacíos, con miedo a ser abandonados y con la sensación de no ser suficientemente queridos y valorados por los demás.

Es innegable lo reconfortante que resulta estar rodeados de una estupenda familia y de unos buenos amigos con los que compartir nuestro tiempo de ocio, nuestras penas, nuestra alegrías…,  pero por muy maravillosos que sean, nunca conseguirán hacernos felices si no lo somos ya. Cada uno debe asumir la responsabilidad de sentirse bien y no delegarla en los demás, porque no olvidemos que nadie tiene el poder de hacer feliz a nadie, por mucho empeño que ponga en ello.

Así pues, todos y cada uno de nosotros estamos solos en el camino hacia la paz interior, no puede ser de otra manera. Tal vez nos guíe un psicólogo o determinadas lecturas, o quizá lo recorramos junto a otras personas que también se encuentren en un proceso de crecimiento personal pero, en cualquier caso, es un viaje interior que nadie puede hacer por nosotros y que tiene su punto de partida en el estado de soledad.

Por tanto, veamos la soledad no como algo negativo que hay que intentar erradicar de nuestra vida a través del contacto con otras personas, sino como algo positivo y necesario que hay que trascender para alcanzar el más fascinante de todos los propósitos vitales: la paz interior.



lunes, 25 de septiembre de 2017

REFLEXIONES DE PILAR G. VADO: UNA BONITA HISTORIA


Cuatro almas se iban a encarnar y Dios se reúne con ellas para preguntarles qué quieren para su próxima vida. Una de ellas se apresura y responde:
-Lo que yo quiero, Señor, es poder, mucho poder. Me gustaría ser una de las personas más poderosas del mundo.
Otra dice:
-Lo que a mí me gustaría es tener mucho dinero, muchas riquezas. Sí, ser enormemente rico.
Otra alma asegura:
-Yo quiero, Señor, poder recorrer todos los rincones de la tierra y conocer muchos países y sus gentes. Viajar constantemente y desplazarme hasta los confines de la tierra.
La cuarta alma se queda silenciosa y cuando Dios le pregunta si no quiere nada, le contesta:
-Lo que yo deseo, lo único, Señor, es tener una buena mente, una mente amiga. Si no me das una buena mente, ¿para qué me serviría todo lo demás?


jueves, 14 de septiembre de 2017

REFLEXIONES DE DAVID VEGA: EL MEJOR ENTRENADOR



Al terminar el trabajo me gusta salir a correr, sobre las 8.30 o 9 de la noche dos días de la semana , dejando las tiradas largas para el domingo.
Muchas veces quedo con amigos pero en otras ocasiones no tengo más remedio que ir solo.
Como no me gusta correr por asfalto suelo ir por caminos y con frontal en la cabeza para iluminar . Aunque reconozco que las noches de luna llena me lo pienso dos veces .
¡Más que un problema de terribilitis es de mieditis!.

Siempre corro con móvil por si me pasa algo aunque tampoco me preocupa mucho. Sé que mi ex me localizaría rápido , sobre todo si es a principio de mes.
En ocasiones cuando voy corriendo empiezo a 5 minutos el km pero noto como enseguida voy más rápido hasta situarme a 4:30 sin gran esfuerzo. Entonces me digo a mí mismo "David vas como un tiro" y trato de ir un poco más rápido pero con prudencia porque todavía me quedan 8 km. Pero cuando llego al puente y vuelvo por el otro lado de la orilla del canal enseguida me doy cuenta de la explicación.

El dichoso viento.

 En ese momento mi cabeza lo primero que piensa es menuda m***** de viento. ¡Y todavía me queda la mitad del recorrido!.
Lo primero que me da ganas es de ir bajando de ritmo y volver a los 5 minutos el kilómetro. ¡Sería tan tentador!...
Pero me propongo no ceder.
Voy a aguantar a la misma velocidad pese a que antes tenía el viento a favor y ahora lo tengo en contra.

Pensándolo bien es lo correcto. Sí durante 5 km no he estado agradeciendo al viento que me empujara sería totalmente injusto empezar a quejarme ahora que lo tengo en contra. 
Sigo corriendo apretando los dientes y tratando de poner la coma en su sitio.

"No , puedo".

Ya solo quedan 2 km y voy a dar todo lo que tengo. Me sitúo a 4.10 en el penúltimo kilómetro para tratar de bajar de 4 en el último. 
Al finalizar el entrenamiento me siento hecho polvo pero muy satisfecho. No sólo por haber hecho un buen tiempo sino sobre todo por el entrenamiento mental que he realizado.
Reconozco que el viento ha sido mi mejor entrenador. Después de este entrenamiento sé que en una carrera de 10km en asfalto, con público , con edificios que te protejan del viento, ¡bajo de los 40 minutos seguro!.
En otras ocasiones en las que he terminado corriendo a 5, aunque menos cansado físicamente me he sentido más decepcionado. ¡ Y sin ganas de correr durante unos cuantos días!.

Muchas veces en la vida empezamos con el viento de cola. Encontramos un trabajo, nos echamos novia, compramos el coche y la casa , tenemos hijos, buena salud... Y nos sentimos felices porque tenemos todos los factores externos a nuestro favor , pero en ese momento no lo agradecemos.  
En algún momento siempre van a aparecer adversidades : pérdida de trabajo, problemas de salud, separaciones, muerte de algún familiar cercano ... Incluso cada vez es más frecuente que las adversidades nos las creemos nosotros con nuestra costumbre de quejarnos por todo , nuestra necesititis , nuestra facilidad de echar la culpa a los demás, al mundo...

 Todo por cosas que la mayor parte de las veces evaluamos como tragedias cuando realmente son obstáculos que si aprendiéramos a aceptarlos (aunque no nos gusten) , podríamos seguir perfectamente nuestro camino.
¡ Y en muchas ocasiones superado el obstáculo , hasta lo agradeceríamos porque nos ha hecho mejorar !.

Pero para crecer ante las adversidades sólo hay una forma: amueblar correctamente nuestra mente.


lunes, 24 de julio de 2017

REFLEXIONES DE DAVID VEGA: HE PERDIDO EL TRABAJO. ¿SOY UN FRACASADO?



Tras leer el último y magnífico post de nuestra compañera Pilar García ( en su línea habitual) decidí elegir cómo tema una película que vi el año pasado titulada "The company men "

Está protagonizada por Ben Affleck (para muchos especialista en destrozar superhéroes, aunque a mi no me parece mal actor), Kevin Costner , Tommy Lee Jones... Y sí , ya se la conté a mis niños, que la mitología griega da para mucho, pero no es inagotable.


La película trata de una gran empresa naviera fundada por Tommy Lee Jones que debido a la crisis y su bajada de cotización en bolsa se ve obligada a despedir gente. Uno de los primeros despedidos es el director de ventas Ben Affleck que ve como su exitosa vida se derrumba de la noche a la mañana.

Como al resto de empresas también están afectadas por la crisis no consigue encontrar trabajo lo que le hace perder la casa , tener problemas familiares, resignarse a vivir  en casa de sus suegros y aceptar el trabajo que le ofrece su cuñado Kevin Costner de ayudante de albañil...

Además el principal accionista de la empresa Craig T Nelson ( especializado en hacer de malo malísimo) decide despedir a más trabajadores para priorizar la cotización de sus acciones lo que lleva a la depresión de los trabajadores más viejos y por tanto con peor salida al mercado laboral , pese a la oposición de Tommy Lee.

No cuento más por si queréis verla , cosa que os recomiendo.

La película me gustó bastante porque trata de un tema real que afecta a mucha gente y que nos puede pasar en cualquier momento aún siendo un buen trabajador. Por tanto la primera enseñanza es que no existe la seguridad total . Pero lo bueno es que con un buen diálogo interno podemos estar bien pese a que la vida esté llena de incertidumbres.

La segunda enseñanza es que la adversidad (el despido) es igual para todos pero la forma de gestionar ese despido es elección nuestra.

Tras un primer momento de estupor ante la adversidad está en nuestra mano el aceptar la nueva situación (aunque no nos guste o no la entendamos). Si conseguimos aceptarlo , podremos poner los mecanismos para superarlo y tras un periodo razonable volver a estar bien. Si por el contrario elegimos la resignación, nos quedará rabia, malestar , quejas por lo que será mucho más difícil superar la adversidad.

Por tanto debemos aplicarnos la frase de tener problemas es inevitable, ser derrotado por ellos es opcional. 

También se trabaja en la película el tema del orgullo. En un primer momento Ben Affleck no acepta el trabajo que le ofrece su cuñado, no sólo por tema económico. Rechaza un poco con desprecio la mano que le ofrece Kevin Costner.¿Cómo un exitoso director de ventas va a trabajar para un albañil? Pero cuando ve que la crisis es global  , se resigna a aceptar la ayuda de su cuñado el albañil . Y al final termina apreciando lo que van construyendo , lo que hace que le cambie la cara , mejore la relación con Kevin Costner y termine fortaleciendo su relación con su mujer e hijo.

Por último me gustaría señalar una creencia irracional que aparece en la película , aunque afortunadamente con esto de la crisis está perdiendo fuelle. Cuando Ben pierde su casa al no poder afrontar la hipoteca, se siente el hombre más miserable del mundo.

¿Cómo va a irse a vivir a casa de sus suegros? De ser un ejecutivo con un buen sueldo, buena posición, imagen viva del éxito a tener que humillarse y aceptar la propuesta de su mujer para vivir apretujados con sus padres es demasiado para él.

Desde bien  pequeños la sociedad nos han implantado que sino tienes casa en propiedad eres un fracasado  Y si la tenías , la pierdes y no te queda más remedio que volver al redil de tus padres , eres un inútil total.

En esas condiciones, ¿como va a ser posible ser feliz?. Vamos, que lo normal es ser un amargado toda la vida, al menos hasta que consigas independizarte.

Aunque hayas perdido tu bonita casa y tengas que mudarte con tus padres  ( no hablo sólo de Ben) , en un primer momento cuesta adaptarse pero poco a poco te das cuenta de que como la felicidad nunca está en el exterior puedes ser igualmente feliz si trabajas tu diálogo interno. 


Por cierto, tras contar la película mis niños me abrazaron y me dieron dos besos de forma espontánea. Lo que no impidió que me pidieran otro cuento, con más acción y de miedo. Pero de la película Bait no saco muchas enseñanzas, salvo la admiración a nivel profesional de los dientes del protagonista.

jueves, 20 de julio de 2017

REFLEXIONES DE PILAR G. VADO ¿PUEDE UN TRABAJO HACERNOS FELICES?


Hay quienes consideran su trabajo como una auténtica pérdida de tiempo, una pesada obligación a la que dedican muchas horas sin que realmente les aporte gran cosa. Se sienten poco valorados, aburridos y desmotivados, con la sensación de estar malgastando su vida. No es de extrañar que estas personas a menudo fantaseen con una ocupación más vocacional que les permita desarrollar sus talentos o con un trabajo mejor remunerado, con un horario a medida, sin tanta presión, sin jefes… ¿Quién no ha soñado alguna vez con poder convertir su pasión en su profesión o con mandar todo al garete y marcharse al campo a cultivar hortalizas?

No niego que si nos dedicamos a algo que nos apasiona nos sintamos más contentos y satisfechos, pero, ¿qué tiene que ver la satisfacción con la felicidad? No hay que olvidar que la felicidad radica en un diálogo interno racional y no en un trabajo fantástico, una pareja maravillosa o en una sustanciosa cuenta bancaria. Sin embargo, a menudo caemos en la trampa de creer que sufrimos a causa de las circunstancias externas (un trabajo tedioso, una pareja poco cariñosa, dificultades económicas, una salud delicada…) y que si éstas cambiasen seríamos felices.

Si, por ejemplo, estamos convencidos de que el trabajo es el culpable de nuestra infelicidad y decidimos cambiar de ocupación con la esperanza de sentirnos libres, plenos y realizados, es cuestión de tiempo que nos decepcionemos y comencemos a buscar desesperadamente otras fuentes de gratificación que nos proporcionen lo que no hemos podido encontrar en el nuevo trabajo.

Generalmente eludimos la responsabilidad de nuestro bienestar emocional y atribuimos el poder de hacernos felices a un trabajo “perfecto” (o a cualquier otra cosa). Pero, ¿puede un trabajo aportarnos serenidad o calma mental? ¿Puede protegernos de cualquier perturbación emocional y transformarnos en personas fuertes que no exageran negativamente las adversidades? ¿Puede hacer que nos sintamos en armonía con la existencia? ¿Puede contribuir a que apreciemos lo que poseemos y a no quejarnos por lo que nos falta? ¿Puede ayudarnos a disfrutar de cada instante, de cada cosa que tenemos entre manos, viviendo plenamente en el aquí y el ahora?...

Por muy ideal y gratificante que sea lo externo no tendrá nunca la capacidad de hacernos felices si no lo somos ya, puesto que la felicidad es un estado de paz interior que se consigue no necesitando lo que no es realmente necesario, valorando lo que se tiene y disfrutando de las pequeñas cosas. Con una mente sana estaremos bien en cualquier situación y, por supuesto, en cualquier trabajo; esto no quiere decir que no intentemos cambiar de ocupación en un momento dado, pero lo haremos únicamente por el deseo de trabajar en algo que nos guste más y no por la necesidad de huir de aquello que creemos que nos tiene amargados.

Cambiar las circunstancias externas de nuestra vida no nos liberará de nuestro estado de infelicidad y tampoco nos conducirá al bienestar emocional, porque como muy acertadamente dijo el psicólogo Anthony de Mello:"Si lo que buscas es la felicidad, ya puedes dejar de malgastar tus energías tratando de remediar tu calvicie, o de conseguir una figura atractiva, o de cambiar de casa, de trabajo, de comunidad, de forma de vivir o incluso de personalidad. ¿No te das cuenta de que podrías cambiar todo eso, tener la mejor de las apariencias, la más encantadora personalidad, vivir en el lugar más hermoso del mundo... y, a pesar de ello, seguir siendo infeliz?".