jueves, 14 de septiembre de 2017

REFLEXIONES DE DAVID VEGA: EL MEJOR ENTRENADOR



Al terminar el trabajo me gusta salir a correr, sobre las 8.30 o 9 de la noche dos días de la semana , dejando las tiradas largas para el domingo.
Muchas veces quedo con amigos pero en otras ocasiones no tengo más remedio que ir solo.
Como no me gusta correr por asfalto suelo ir por caminos y con frontal en la cabeza para iluminar . Aunque reconozco que las noches de luna llena me lo pienso dos veces .
¡Más que un problema de terribilitis es de mieditis!.

Siempre corro con móvil por si me pasa algo aunque tampoco me preocupa mucho. Sé que mi ex me localizaría rápido , sobre todo si es a principio de mes.
En ocasiones cuando voy corriendo empiezo a 5 minutos el km pero noto como enseguida voy más rápido hasta situarme a 4:30 sin gran esfuerzo. Entonces me digo a mí mismo "David vas como un tiro" y trato de ir un poco más rápido pero con prudencia porque todavía me quedan 8 km. Pero cuando llego al puente y vuelvo por el otro lado de la orilla del canal enseguida me doy cuenta de la explicación.

El dichoso viento.

 En ese momento mi cabeza lo primero que piensa es menuda m***** de viento. ¡Y todavía me queda la mitad del recorrido!.
Lo primero que me da ganas es de ir bajando de ritmo y volver a los 5 minutos el kilómetro. ¡Sería tan tentador!...
Pero me propongo no ceder.
Voy a aguantar a la misma velocidad pese a que antes tenía el viento a favor y ahora lo tengo en contra.

Pensándolo bien es lo correcto. Sí durante 5 km no he estado agradeciendo al viento que me empujara sería totalmente injusto empezar a quejarme ahora que lo tengo en contra. 
Sigo corriendo apretando los dientes y tratando de poner la coma en su sitio.

"No , puedo".

Ya solo quedan 2 km y voy a dar todo lo que tengo. Me sitúo a 4.10 en el penúltimo kilómetro para tratar de bajar de 4 en el último. 
Al finalizar el entrenamiento me siento hecho polvo pero muy satisfecho. No sólo por haber hecho un buen tiempo sino sobre todo por el entrenamiento mental que he realizado.
Reconozco que el viento ha sido mi mejor entrenador. Después de este entrenamiento sé que en una carrera de 10km en asfalto, con público , con edificios que te protejan del viento, ¡bajo de los 40 minutos seguro!.
En otras ocasiones en las que he terminado corriendo a 5, aunque menos cansado físicamente me he sentido más decepcionado. ¡ Y sin ganas de correr durante unos cuantos días!.

Muchas veces en la vida empezamos con el viento de cola. Encontramos un trabajo, nos echamos novia, compramos el coche y la casa , tenemos hijos, buena salud... Y nos sentimos felices porque tenemos todos los factores externos a nuestro favor , pero en ese momento no lo agradecemos.  
En algún momento siempre van a aparecer adversidades : pérdida de trabajo, problemas de salud, separaciones, muerte de algún familiar cercano ... Incluso cada vez es más frecuente que las adversidades nos las creemos nosotros con nuestra costumbre de quejarnos por todo , nuestra necesititis , nuestra facilidad de echar la culpa a los demás, al mundo...

 Todo por cosas que la mayor parte de las veces evaluamos como tragedias cuando realmente son obstáculos que si aprendiéramos a aceptarlos (aunque no nos gusten) , podríamos seguir perfectamente nuestro camino.
¡ Y en muchas ocasiones superado el obstáculo , hasta lo agradeceríamos porque nos ha hecho mejorar !.

Pero para crecer ante las adversidades sólo hay una forma: amueblar correctamente nuestra mente.


lunes, 24 de julio de 2017

REFLEXIONES DE DAVID VEGA: HE PERDIDO EL TRABAJO. ¿SOY UN FRACASADO?



Tras leer el último y magnífico post de nuestra compañera Pilar García ( en su línea habitual) decidí elegir cómo tema una película que vi el año pasado titulada "The company men "

Está protagonizada por Ben Affleck (para muchos especialista en destrozar superhéroes, aunque a mi no me parece mal actor), Kevin Costner , Tommy Lee Jones... Y sí , ya se la conté a mis niños, que la mitología griega da para mucho, pero no es inagotable.


La película trata de una gran empresa naviera fundada por Tommy Lee Jones que debido a la crisis y su bajada de cotización en bolsa se ve obligada a despedir gente. Uno de los primeros despedidos es el director de ventas Ben Affleck que ve como su exitosa vida se derrumba de la noche a la mañana.

Como al resto de empresas también están afectadas por la crisis no consigue encontrar trabajo lo que le hace perder la casa , tener problemas familiares, resignarse a vivir  en casa de sus suegros y aceptar el trabajo que le ofrece su cuñado Kevin Costner de ayudante de albañil...

Además el principal accionista de la empresa Craig T Nelson ( especializado en hacer de malo malísimo) decide despedir a más trabajadores para priorizar la cotización de sus acciones lo que lleva a la depresión de los trabajadores más viejos y por tanto con peor salida al mercado laboral , pese a la oposición de Tommy Lee.

No cuento más por si queréis verla , cosa que os recomiendo.

La película me gustó bastante porque trata de un tema real que afecta a mucha gente y que nos puede pasar en cualquier momento aún siendo un buen trabajador. Por tanto la primera enseñanza es que no existe la seguridad total . Pero lo bueno es que con un buen diálogo interno podemos estar bien pese a que la vida esté llena de incertidumbres.

La segunda enseñanza es que la adversidad (el despido) es igual para todos pero la forma de gestionar ese despido es elección nuestra.

Tras un primer momento de estupor ante la adversidad está en nuestra mano el aceptar la nueva situación (aunque no nos guste o no la entendamos). Si conseguimos aceptarlo , podremos poner los mecanismos para superarlo y tras un periodo razonable volver a estar bien. Si por el contrario elegimos la resignación, nos quedará rabia, malestar , quejas por lo que será mucho más difícil superar la adversidad.

Por tanto debemos aplicarnos la frase de tener problemas es inevitable, ser derrotado por ellos es opcional. 

También se trabaja en la película el tema del orgullo. En un primer momento Ben Affleck no acepta el trabajo que le ofrece su cuñado, no sólo por tema económico. Rechaza un poco con desprecio la mano que le ofrece Kevin Costner.¿Cómo un exitoso director de ventas va a trabajar para un albañil? Pero cuando ve que la crisis es global  , se resigna a aceptar la ayuda de su cuñado el albañil . Y al final termina apreciando lo que van construyendo , lo que hace que le cambie la cara , mejore la relación con Kevin Costner y termine fortaleciendo su relación con su mujer e hijo.

Por último me gustaría señalar una creencia irracional que aparece en la película , aunque afortunadamente con esto de la crisis está perdiendo fuelle. Cuando Ben pierde su casa al no poder afrontar la hipoteca, se siente el hombre más miserable del mundo.

¿Cómo va a irse a vivir a casa de sus suegros? De ser un ejecutivo con un buen sueldo, buena posición, imagen viva del éxito a tener que humillarse y aceptar la propuesta de su mujer para vivir apretujados con sus padres es demasiado para él.

Desde bien  pequeños la sociedad nos han implantado que sino tienes casa en propiedad eres un fracasado  Y si la tenías , la pierdes y no te queda más remedio que volver al redil de tus padres , eres un inútil total.

En esas condiciones, ¿como va a ser posible ser feliz?. Vamos, que lo normal es ser un amargado toda la vida, al menos hasta que consigas independizarte.

Aunque hayas perdido tu bonita casa y tengas que mudarte con tus padres  ( no hablo sólo de Ben) , en un primer momento cuesta adaptarse pero poco a poco te das cuenta de que como la felicidad nunca está en el exterior puedes ser igualmente feliz si trabajas tu diálogo interno. 


Por cierto, tras contar la película mis niños me abrazaron y me dieron dos besos de forma espontánea. Lo que no impidió que me pidieran otro cuento, con más acción y de miedo. Pero de la película Bait no saco muchas enseñanzas, salvo la admiración a nivel profesional de los dientes del protagonista.

jueves, 20 de julio de 2017

REFLEXIONES DE PILAR G. VADO ¿PUEDE UN TRABAJO HACERNOS FELICES?


Hay quienes consideran su trabajo como una auténtica pérdida de tiempo, una pesada obligación a la que dedican muchas horas sin que realmente les aporte gran cosa. Se sienten poco valorados, aburridos y desmotivados, con la sensación de estar malgastando su vida. No es de extrañar que estas personas a menudo fantaseen con una ocupación más vocacional que les permita desarrollar sus talentos o con un trabajo mejor remunerado, con un horario a medida, sin tanta presión, sin jefes… ¿Quién no ha soñado alguna vez con poder convertir su pasión en su profesión o con mandar todo al garete y marcharse al campo a cultivar hortalizas?

No niego que si nos dedicamos a algo que nos apasiona nos sintamos más contentos y satisfechos, pero, ¿qué tiene que ver la satisfacción con la felicidad? No hay que olvidar que la felicidad radica en un diálogo interno racional y no en un trabajo fantástico, una pareja maravillosa o en una sustanciosa cuenta bancaria. Sin embargo, a menudo caemos en la trampa de creer que sufrimos a causa de las circunstancias externas (un trabajo tedioso, una pareja poco cariñosa, dificultades económicas, una salud delicada…) y que si éstas cambiasen seríamos felices.

Si, por ejemplo, estamos convencidos de que el trabajo es el culpable de nuestra infelicidad y decidimos cambiar de ocupación con la esperanza de sentirnos libres, plenos y realizados, es cuestión de tiempo que nos decepcionemos y comencemos a buscar desesperadamente otras fuentes de gratificación que nos proporcionen lo que no hemos podido encontrar en el nuevo trabajo.

Generalmente eludimos la responsabilidad de nuestro bienestar emocional y atribuimos el poder de hacernos felices a un trabajo “perfecto” (o a cualquier otra cosa). Pero, ¿puede un trabajo aportarnos serenidad o calma mental? ¿Puede protegernos de cualquier perturbación emocional y transformarnos en personas fuertes que no exageran negativamente las adversidades? ¿Puede hacer que nos sintamos en armonía con la existencia? ¿Puede contribuir a que apreciemos lo que poseemos y a no quejarnos por lo que nos falta? ¿Puede ayudarnos a disfrutar de cada instante, de cada cosa que tenemos entre manos, viviendo plenamente en el aquí y el ahora?...

Por muy ideal y gratificante que sea lo externo no tendrá nunca la capacidad de hacernos felices si no lo somos ya, puesto que la felicidad es un estado de paz interior que se consigue no necesitando lo que no es realmente necesario, valorando lo que se tiene y disfrutando de las pequeñas cosas. Con una mente sana estaremos bien en cualquier situación y, por supuesto, en cualquier trabajo; esto no quiere decir que no intentemos cambiar de ocupación en un momento dado, pero lo haremos únicamente por el deseo de trabajar en algo que nos guste más y no por la necesidad de huir de aquello que creemos que nos tiene amargados.

Cambiar las circunstancias externas de nuestra vida no nos liberará de nuestro estado de infelicidad y tampoco nos conducirá al bienestar emocional, porque como muy acertadamente dijo el psicólogo Anthony de Mello:"Si lo que buscas es la felicidad, ya puedes dejar de malgastar tus energías tratando de remediar tu calvicie, o de conseguir una figura atractiva, o de cambiar de casa, de trabajo, de comunidad, de forma de vivir o incluso de personalidad. ¿No te das cuenta de que podrías cambiar todo eso, tener la mejor de las apariencias, la más encantadora personalidad, vivir en el lugar más hermoso del mundo... y, a pesar de ello, seguir siendo infeliz?".

miércoles, 21 de junio de 2017

REFLEXIONES DE DAVID VEGA: ¿NECESITAMOS LA FAMA?



" Si vas a Troya llevarás grandes gestas que te darán gloria inmortal pero morirás prematuramente ; si te quedas en tu casa vivirás una vida larga y tranquila y morirás de viejo rodeados de quienes te habrán querido de manera que solo ellos te recordarán y cuando se vayan también desaparecerá tu nombre".

"Con la flecha clavada en el talón el Pélida recordaba la piel de Briseida, los prados con Quirón, la cola de la túnica de su madre, la risa de su padre... Abrazado a esas remembranzas ahora los veía como los tesoros más preciosos que se pudiera tener. Le parecía que más valía ser un siervo en el campo que reinar entre todos los muertos y ocupar en el mundo de los vivos un instante fugaz de nostalgia".

La mitología griega no sólo es un pozo fascinante de aprendizaje  sino que para mi es una fuente imprescindible para satisfacer las exigencias de mis hijos a la hora de reclamar su cuento cuando les toca conmigo. Aunque en la parte del derrocamiento de Urano por parte de Cronos hubo que poner bastante tacto...

Yo como siempre me hago rogar un poco  les digo ¡ni los dioses pusieron tantos trabajos a Hércules! , pero la verdad es que como padre no hay momento en el que me sienta más feliz que cuando me toca contarles el cuento. Y como es de esperar , luego otro y otro...hasta que nos quedamos todos dormidos.

Muchas personas a lo largo de su vida han perseguido la fama como fuente de felicidad, aun sabiendo que podría acortar su vida.

En una encuesta hecha a atletas :Death in the Locker se llegó a la conclusión que más de un cincuenta por ciento de los deportistas tomaría una droga indetectable que “les garantizase ilimitadas victorias deportivas durante cinco años, incluso aunque fuesen seguidas por muerte súbita.

La fama es una cualidad neutra. Ni buena ni mala. Hay quien la busca y hay quien la rehúye.

No sé si os creeréis que empecé a usar mascarilla en la seguridad social ( antes sólo la pantalla), para que la gente no me reconociera por la calle Mayor. ¡ Algunos hasta me enseñaban la boca para que les dijera que arreglo tenía!. Y  los que habían tenido una mala experiencia conmigo, a recurrir al running!!

El problema es identificar la fama con la felicidad. Vemos a los famosos y nos imaginamos que llevan una vida fácil, perfecta... Vamos , que lo tienen todo!!!
Y nosotros ¿como vamos a ser felices con nuestras carencias?. No somos tan guapos , tan elegantes, tan ricos, tan extrovertidos...

Leí hace un mes en el País que "Hollywood ya no oculta sus depresiones". La lista de nuestros modernos Aquiles es interminable :

Brad Pitt , Ben Affleck, Brooke Shields, Gwyneth Paltrow , Sarah Michelle Gelle, Anne Hathaway, Ashley Judd, Zach Braff o Maureen McCormick,Catherine Zeta-Jones, Jon Hamm ,Owen Wilson ... Como reconoce en la misma entrevista, mientras que todos desearíamos ser Brad Pitt, él, por el contrario, preferiría cambiar su nombre y desaparecer en el anonimato...

Homero nos enseñó hace unos 2800 años que no es la fama lo que nos da la felicidad sino el apreciar las pequeñas cosas y el amor a la vida . Y ojalá  no esperemos a darnos cuenta de esto cuando nos entra la lucidez en la cercanía de la muerte.


sábado, 3 de junio de 2017

REFEXIONES DE PILAR G. VADO: SE PUEDE APRENDER A CAMBIAR


A continuación os dejo el mensaje que una paciente, ya casi ex paciente, se ha ofrecido muy generosamente a compartir: todos podemos, a cualquier edad, dar un giro radical a nuestra forma de pensar y convertirnos en personas emocionalmente más fuertes y felices.
Transformarse es posible, es real.
También es real que la primera en dudarlo es nuestra mente que pondrá todas las resistencias al cambio.
Nos puede sonar mal. Mover nuestros propios cimientos, nos da miedo remover, replantear discutirnos. Creemos que son nuestras bases y principios, como hemos pensado siempre, de toda la vida. Es nuestro carácter, también lo que nos han enseñado.
Pero la mayoría son convencionalismos, son creencias muy arraigadas necesidades que nos hemos inventado, pero lo que es más importante: nos lo creemos hasta el fondo y las defendemos; aunque nos sintamos unos desgraciados, inferiores, perdidos aunque estemos muy mal nos cuesta creer que podemos cambiar.
Soy una mujer madura, pasados un poco los 50 y en éstos últimos años he arrastrado una depresión importante, donde campaba toda la debilidad el temor a estar sola y muchos miedos. Porque cuando terribilizamos el miedo se amplifica invasivo.
Tuve que tocar fondo para reaccionar. Nos pasa mucho a los humanos ¡Menos mal que no esperé a estar enferma grave o a un accidente! -también pasa a los humanos- para lanzarme a decirme: No puedo seguir ahogada. Mi vida consistía “...en intentar salir a flote, hundirme, sacar la cabeza un instante para tomar aire, tragar  mucha agua salada y seguir una lucha sin fín... ” Mi salud mental se convirtió entonces en una prioridad en todos los sentidos ¿Había algo más importante, algo más que yo misma? ¿Acaso lo hay?
La Terapia Cognitiva tiene muchas cosas que me gustan pero una de ellas es que el cambio sólo puedes hacerlo tú misma; con un método con honestidad y mucho trabajo, y después perseverar. He necesitado casi un año intenso de trabajo interior para curarme de la depresión, de la dependencia emocional. Ahora es mi forma de pensar por tanto de vivir. Yo me demostré a mí misma que No necesitaba a nadie, para ser feliz. Así de fácil, algo aparentemente tan tonto, tan elemental, tan evidente pero tan esencial. Pues a mí me pasaba, hasta el punto de no saber ni quién era. 
Trabajados los miedos, las terribilizaciones, trabajadas las creencias fantasiosas sobre tu pasado y futuro -porque nuestra mente es una fábrica de mitificar- bueno, pues cuando desmontas todos los escenarios creados, cuando trabajas uno a uno los miedos (porque Necesito-Exijo-Me exijo-No soporto son la misma cosa, yo me lo he demostrado) es cuando, simplemente pierden toda su fuerza, algunas dejan de ser trágicas otras pierden todo su dramatismo, otras muchas muestran con humildad tu grandeza como ser humano, tan igual, tan “normalito” como tu jefe.
Sientes una gran liberación.
Después aprendes a colocar las cosas en su sitio. Primero obligándote un poquito, después sale todo casi intuitivo de forma natural y todo adquiere sensatez una lógica racional. Aprendemos a utilizar la mente a nuestro favor, es nuestra herramienta para reprogramarnos. Y se puede aprender, aunque tengas mucha parte de tu vida hecha. Da igual.
Pero éste es un trabajo único, individual, por otro lado el más fiable y verosímil que puede haber. Con las herramientas de trabajo de la Terapia Cognitiva y a veces como yo con la ayuda inestimable de una psicóloga/o, pero nadie puede hacerlo por nosotros. No existe el comprimido del Cambio Interior o la pastilla de la Fortaleza Emocional. Porque además a los humanos nos pasa, que si la forma es compleja nos decimos ¡Uy es demasiado difícil! Y si es simple nos diremos ¡Ah demasiado fácil para ser verdad!
Con éstas palabras no hay ninguna pretensión de acercarse a ser modelo de nada, claro que no. Pero yo ya no soy aquella persona y lo digo con cariño para aquella chica atormentada, confusa y majeta que era.
Ahora he aprendido a reconocer muy bien las superexigencias los apegos, a discernir las ficciones a distinguir las necesidades exageradas que tan confundidos nos tienen y tanto nos hacen sufrir. Ahora ya no es una terapia es mi nueva forma de ver la vida digamos una filosofía. Ahora puedo decir que soy una persona feliz. Siento que voy liviana con ligereza porque he soltado muchas amarras. He aprendido a evaluar las adversidades más en su justa medida. Sé dónde se alberga mi valía, mi valor. Siento que amo mi vida con serenidad con comprensión. Contemplo la vida y el mundo con los sentidos.
Ahora soy consciente de algo tan evidente también como entender que estamos aquí para disfrutar, para sentirnos en paz, para gustarnos un montón. La certeza que todo pasa por aceptarnos sin condiciones, también a los demás que son como nosotros.
Este camino no ha hecho más que empezar, ahí están las herramientas de trabajo de la Terapia Cognitiva, las lecturas de los tres libros de Rafael Santandreu – Con cariño, mi estrella polar – las reflexiones del maravilloso A. de Mello, la sabiduría de E. Tolle y mi querida Pilar que me avisa con su gracia de las recaídas que como dice Rafael “...Son períodos de vuelta a la depresión a la ansiedad o a la obsesión… forman parte del proceso, son los trompicones y caídas de un niño que aprende a caminar.. En el momento de la crisis, la caída se vive como un traspiés intolerable. A menudo como un fracaso total, pero si perseveramos… volveremos a estar bien y el aprendizaje seguirá progresando y consolidándose”.
A Rafael y a Pilar